¿Existe lo que no existe?

La científica María Luisa Sarsa lleva 20 años a la búsqueda de la materia oscura del universo

Imagen de materia oscura.terranaut

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Agencias
Huesca

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Buscar durante casi veinte años una señal que finalmente no correspondía a lo que se pensaba, en este caso la materia oscura, puede parecer un fracaso, pero para la científica María Luisa Sarsa, primera mujer en acceder a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales de Zaragoza, es precisamente el éxito del experimento Anais que desarrolla desde el Laboratorio Subterráneo de Canfranc. El equipo que codirige ha demostrado que la señal que durante décadas se atribuyó a la materia oscura no correspondía a ese componente, por lo que la aragonesa reivindica que la ciencia también avanza cuando la respuesta es “no”, señala. La materia oscura sigue siendo uno de los grandes misterios del universo, se calcula que representa alrededor del 85 % de toda la materia existente y, sin embargo, nadie ha logrado observarla directamente ya que su existencia se deduce de forma indirecta por sus efectos gravitatorios, pero su naturaleza continúa siendo desconocida. Con ese objetivo nació hace casi dos décadas el experimento Anais, instalado a más de 800 metros bajo la montaña en el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, donde protegidos de la radiación cósmica, los investigadores buscaban confirmar de manera independiente una señal detectada desde hacía más de veinte años por el experimento italiano Dama/Libra utilizando el mismo tipo de detectores y el mismo material. “Siempre tenemos incertidumbre sobre si será buena o no una teoría, la naturaleza nos dirá, pero es una cuestión apasionante. Hacer ciencia es trabajar en la frontera del conocimiento. No observar materia oscura durante muchos años y experimentos también es un gran avance porque sabemos lo que no es la materia oscura”, explica. Para Sarsa, una las lecciones más importantes del proyecto Anais es que los resultados negativos poseen el mismo valor que los resultados positivos, aunque resulten más difíciles de vender y explicar fuera del ámbito científico. Después de veinte años de trabajo, la aportación de Anais ha sido demostrar con la misma contundencia científica dónde no estaba lo que buscaba, porque en ocasiones, concluye Sarsa, descartar una respuesta es la única forma de acercarse un poco más a la correcta. La científica reconoce que toda investigación comienza precisamente donde terminan las respuestas conocidas y empiezan las preguntas que todavía nadie ha conseguido resolver.

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