El gesto de cinco minutos que Martín Berasategui recomienda antes de irte de vacaciones para evitar comida estropeada y malos olores
Martín Berasategui señala un gesto sencillo antes de irse de vacaciones que ayuda a evitar una de las sorpresas más desagradables al regresar
Revisar y limpiar el interior de la nevera antes de irse de vacaciones ayuda a evitar alimentos estropeados y la aparición de malos olores durante los días que la casa permanece cerrada.
Hay tareas que casi nadie olvida antes de irse de vacaciones: cerrar ventanas, sacar la basura, comprobar que todo queda apagado y meter en la maleta lo imprescindible. Sin embargo, hay una que suele quedar para el final y que puede marcar la diferencia entre una vuelta tranquila y abrir la puerta de casa con una desagradable sorpresa: limpiar el interior de la nevera.
En colaboración con Beko, Martín Berasategui ha compartido una serie de recomendaciones para preparar la nevera antes de las vacaciones y evitar que los alimentos olvidados, los restos o una mala organización terminen provocando desperdicio y malos olores durante nuestra ausencia.
«Aprovecha también para limpiar el interior del frigorífico, ya que un espacio limpio reduce la aparición de malos olores y facilita una mejor conservación del resto de productos durante los días que la vivienda permanece cerrada», aconseja el chef. Es un gesto sencillo, pero especialmente útil cuando la casa va a permanecer varios días cerrada.
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Martín Berasategui recomienda limpiar la nevera antes de irse de vacaciones
El consejo parte de una lógica muy doméstica. Una pequeña mancha de comida, un líquido derramado, restos de una fruta deteriorada o un envase olvidado pueden convertirse en una fuente de olor después de varios días.
Por eso, antes de marcharse, Berasategui recomienda revisar el interior del frigorífico y retirar cualquier resto que pueda estropearse.
No se trata necesariamente de hacer una limpieza profunda de todo el electrodoméstico, sino de dedicar unos minutos a comprobar baldas, cajones y recipientes, eliminar restos y dejar el espacio lo más limpio posible.
Ese pequeño repaso puede evitar que un alimento en mal estado termine afectando al resto y, sobre todo, que al regresar nos encontremos con un olor desagradable que se ha acumulado durante toda nuestra ausencia.
«El mejor producto también necesita un buen cuidado. Una nevera bien organizada no solo conserva mejor los alimentos, también nos ayuda a aprovecharlos al máximo y a evitar que se estropeen innecesariamente», explica Berasategui.
Una vez limpio el interior, llega el segundo paso: mirar con atención lo que permanece dentro. Los alimentos más perecederos deberían consumirse antes del viaje siempre que sea posible. Frutas maduras, verduras frescas, pescado o preparaciones ya cocinadas pueden deteriorarse durante nuestra ausencia si sabemos de antemano que no aguantarán hasta la vuelta.
La recomendación es planificar las comidas de los días anteriores precisamente a partir de esos productos. En lugar de hacer una compra abundante justo antes de viajar, tiene más sentido cocinar con aquello que ya está en casa y que necesita ser consumido primero. Si sabemos que un producto no va a llegar en buenas condiciones hasta nuestro regreso, no debería quedarse esperando en la nevera.
El congelador puede convertirse en el mejor aliado durante los días previos al viaje. Pan, platos ya cocinados y determinados alimentos que sabemos que no vamos a utilizar pueden congelarse antes de que empiecen a deteriorarse.
Esto permite reducir el desperdicio y, además, deja una pequeña ventaja para la vuelta: tener alguna comida preparada esperando en el congelador puede resultar especialmente práctico después de varios días fuera de casa.
Si algunas frutas y verduras van a quedarse dentro del frigorífico durante nuestra ausencia, conviene comprobar antes su estado. Las piezas demasiado maduras o deterioradas deberían consumirse, cocinarse o retirarse. Dejar una sola fruta en mal estado durante días puede acabar generando olores y afectar al resto del cajón.
Algunos frigoríficos incorporan además sistemas específicos para prolongar la conservación de estos alimentos. Aun así, la regla práctica sigue siendo la misma: ninguna tecnología puede compensar un alimento que ya está deteriorado antes de marcharnos.