¿Y si fueras pariente de un rey?
Según la ciencia, no es nada improbable. Una fórmula matemática revela que, retrocediendo en el árbol genealógico, es probable encontrar un antepasado común con cualquier persona, también con la realeza
En Europa, retroceder 600 años permite dar con el pariente coincidente, un rey incluido.
¿Y si Felipe VI y tú compartierais un antepasado? Matemáticamente, no es tan descabellado como puede parecer. Joseph Chang, estadista de la Universidad de Yale, calculó que dos personas cualesquiera, si retroceden 900 años en su árbol genealógico, acaban teniendo al menos un ancestro común.
En España y el resto de Europa, ese cálculo se simplifica: bastan aproximadamente 600 años para dar con el pariente coincidente.
Detrás de esta idea hay dos conceptos clave: el ancestro común más reciente (MRCA, por sus siglas en inglés), el punto en el que confluyen dos líneas genealógicas, y el punto de antepasados idénticos (IAP), el momento a partir del cual toda la población de una región desciende de las mismas personas. En números, es teóricamente posible tener parentesco con un rey, una reina o un emperador. Otra cosa es la distancia genealógica y el tiempo transcurrido desde ese vínculo.
El ejemplo más llamativo de esta teoría no viene de la realeza europea, sino del antiguo Egipto. En el centro de genealogía de ADN Igenea, en Zúrich, reconstruyeron el perfil genético de Tutankamón y descubrieron que la mitad de la población de Europa Occidental está emparentada con él.
Si ese parentesco masivo se da con un líder que vivió hace más de 3.000 años y a miles de kilómetros de distancia, la pregunta es inevitable: ¿qué probabilidades hay de compartir antepasado con un monarca europeo actual? Según el cálculo de Chang, estas son bastante altas.
La Casa Real española, una de las más antiguas de Europa, tiene un árbol genealógico que se remonta a los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, y que llega hasta Felipe VI a través de la dinastía de los Borbones. A diferencia de otras casas reales europeas, donde el apellido dinástico rara vez se usa en el día a día —el Reino Unido, por ejemplo, popularizó Isabel II de Inglaterra antes que Isabel Windsor— en España el apellido Borbón forma parte habitual de cómo se identifica a la Familia Real.
Pero el árbol no se limita a un solo apellido. En cada generación aparecen muchos más: Urdangarín, Marichalar, Ortiz, Rocasolano, entre otros. Y encontrar un vínculo de sangre no implica solo parentescos directos, también cuentan los lazos de familia política.
Encontrar ese vínculo requiere las herramientas adecuadas. Para rastrear estas conexiones, MyHeritage rastrea más de 40 mil millones de registros históricos, militares, testamentarios, notariales y parroquiales. Basta con introducir un apellido en el buscador para empezar a tirar del hilo. No será una investigación de una tarde, pero sí una de las más fascinantes que se pueden emprender: la que conecta la propia historia familiar con siglos de historia europea.