Descubre cómo se inventa realmente tu número de DNI y la macabra verdad sobre si se lo dan a otra persona cuando mueres
El Registro Civil desvela el algoritmo matemático que se esconde tras tu documento de identidad y aclara el misterio definitivo sobre el destino de las numeraciones de los difuntos
Renovación del DNI. RAMIRO
El Documento Nacional de Identidad guarda secretos que la mayoría de los ciudadanos desconoce por completo. Mucho más allá de ser una simple tarjeta de plástico que llevamos en la cartera, el código numérico que nos identifica ante el Estado responde a unos criterios muy específicos que desmontan mitos históricos.
En contra de lo que muchos piensan, las cifras de nuestro DNI no se asignan al azar ni dependen de la provincia de nacimiento actual de forma directa, sino que se entregan de manera prácticamente secuencial a medida que se registran los nuevos ciudadanos o se tramitan las primeras inscripciones. La famosa letra final tampoco es decorativa ni caprichosa: se obtiene mediante una fórmula matemática exacta en la que se divide el número entero de ocho cifras entre 23, utilizándose el resto de esa división para buscar la letra correspondiente en una tabla oficial preestablecida.
La Provincia
Una de las grandes dudas recurrentes en la calle es qué sucede con esa combinación numérica cuando el titular fallece. El mito popular a menudo sugiere que esos dígitos vuelven a la bolsa común y se reciclan para asignárselos a un recién nacido o a otra persona viva, pero la realidad administrativa es radicalmente distinta.
El número de DNI asignado a un ciudadano es totalmente perpetuo e intransferible. En el momento en que se certifica la defunción de una persona y se comunica al Registro Civil, el documento queda oficialmente inactivo para siempre, conservándose únicamente en el historial administrativo del difunto.
Esto significa que ningún ciudadano vivo heredará jamás el número de DNI de un familiar fallecido ni de un desconocido. El Estado mantiene cada numeración como un identificador único e irrepetible en la historia, garantizando que esa combinación muera con su propietario original para evitar cualquier tipo de suplantación, colisión de datos o confusión en los registros oficiales del país.