El leonés Diego Álvarez, del abismo a guía de otros pacientes

El joven leonés, tras superar crisis severas, es una de las seis personas referentes del programa Apoyo de pares de Salud Mental León y Psiquiatría del Caule

Diego Álvarez, agente del programa de salud mental para ayudar a pacientes en recuperación de igual a igual.virginia morán

León

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Diego Álvarez sabe lo que es estar al borde del abismo. Su salud mental se quebró y desde los 18 años tuvo que pasar por varios ingresos hospitalarios en la unidad de agudos y en dispositivos de rehabilitación psiquiátrica del Hospital de León.

Ahora tiene 25, una vida normalizada y acaba de conseguir su primer empleo como guía y referente de otros pacientes que están en fase de recuperación. Es una de las seis personas contratadas por el programa Facilitadores de derechos, apoyo de pares, que ha puesto en marcha la Asociación Salud Mental León en alianza con el Caule (Complejo Asistencial Universitario de León).

Cuando la salud mental se quiebra de forma severa, la sensación más abrumadora no suele ser solo el dolor o la confusión, sino el aislamiento. La certeza de que el mundo exterior continúa girando a toda velocidad mientras la vida propia queda congelada en un paréntesis sombrío.

Para tender un puente sobre ese abismo no siempre basta con el diagnóstico clínico ni con la farmacología. A veces, la ayuda más transformadora proviene de alguien que ha pisado exactamente el mismo barro.

Bajo esta premisa, esta iniciativa pionera está orientada a la reintegración social y la autonomía personal de pacientes que han atravesado crisis agudas por trastornos mentales.

«A mí también me ha pasado»

La gran novedad del proyecto radica en su núcleo humano: son los propios usuarios que se encuentran en una fase avanzada de recuperación quienes se convierten en agentes de apoyo entre iguales. Siete palabras que lo cambian todo: «A mí también me ha pasado».

El programa, financiado con fondos europeos, ha permitido la contratación de seis personas a través del Centro Especial de Empleo de Salud Mental León.

Su cometido como facilitadores de derechos y apoyo entre iguales no es sustituir el trabajo médico o psicológico, sino complementarlo desde un lugar al que el profesional clínico rara vez puede llegar: la vivencia compartida.

«Los profesionales podemos tener empatía, pero no terminamos de entender cómo se siente una persona durante un ingreso», reconoce Beatriz Fernández Belzuz, una de las coordinadoras del programa en Salud Mental León. Por eso, el proyecto defiende con firmeza que «una persona que está en proceso de recuperación puede ser apoyo para otro».

Uno de estos nuevos profesionales es Diego Álvarez, un joven leonés de 25 años. Su testimonio resume con precisión quirúrgica el impacto devastador que provoca la aparición de un trastorno mental severo en la juventud y cómo se resienten las estructuras vitales del paciente.

«Se te paraliza la vida cuando estás mal. Pero el resto de la vida sigue: las personas de tu red siguen y hay mucha gente a la que, por desgracia, tienes que dejar atrás.»

El estigma, la incomprensión y la propia desconexión emocional que acompañan a las crisis derivan con frecuencia en la pérdida de amistades y redes de apoyo tradicionales.

Sin embargo, en el discurso de Diego no hay espacio para la resignación. Su proceso de reconstrucción le ha permitido resignificar esa pérdida y convertirla en una oportunidad de crecimiento personal y profesional: «Otra cosa buena es que conoces a otras personas que te enriquecen más.»

Este modelo de apoyo entre iguales se inspira directamente en la corriente de atención centrada en la persona, un enfoque asistencial que desplaza el foco desde la mera sintomatología hacia las necesidades, decisiones y proyecto de vida de cada individuo.

Desde esta perspectiva, ver a alguien que ha recorrido el mismo camino resulta fundamental para la esperanza. «Alguien que ha estado en su situación y tiene una vida supernormalizada es un referente de ayuda», destaca Fernández Belzuz.

Al incorporar laboralmente a personas en recuperación para guiar a quienes acaban de salir de un ingreso o de una fase crítica, el programa consigue un doble impacto. La persona que está a punto de recibir el alta hospitalaria o de otro dispositivo de salud mental encuentra un referente real y cercano.

Un «después» posible

Alguien que demuestra, con su mera presencia, que hay un «después» posible y que la vida puede volver a articularse.

Alguien que le guía en actividades básicas de la vida, desde la autonomía en el transporte público a gestiones personales o incorporación a actividades de ocio extrahospitalarias.

El agente de apoyo consigue un empleo estable dentro del Centro Especial de Empleo de Salud Mental León, lo que refuerza su autoestima, su independencia económica y su papel activo en la sociedad.

Diego empezó a trabajar en agosto después de un periodo de formación. Acompaña a varias personas que están en unidades de hospitalización de Santa Isabel. La idea es ampliar el abanico de pacientes beneficiados a otros recursos de salud mental en León, que trabajan en red.

Diego se siente también compensado, y no solo por el trabajo a tiempo parcial: «Primero me hace ver que, a pesar de lo mal que he estado, ahora soy capaz de ayudar a otras personas con problemas como los míos y me aporta seguridad e independencia», sostiene.

De tú a tú

"Yo he pasado por algo parecido y me coloco en un plano de tú a tú, no autoritario ni de superioridad», señala el joven. «Les digo que no tengan miedo a comentarme los problemas que tienen y yo les comparto los míos», añade.

Como cualquier joven de 25 años, Diego tiene sus sueños. Estudiar nutrición es una de sus aspiraciones que tiene de cara al futuro. «Quizá mantener un híbrido entre la nutrición y este trabajo», comenta.

Ha encontrado su equilibrio. «Lo he pasado mal y he tenido recaídas y ahora estoy en punto que me alerta si me paso o tengo que hacer cambios».

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Con esta alianza entre la sanidad pública y el tejido asociativo, León se sitúa en la vanguardia asistencial, al promover un modelo donde la empatía, el respeto a los derechos y la experiencia en primera persona son el motor principal de la recuperación.