Diario de León

HISTORIAS DE SUPERACIÓN

Ana Segade Patiño: «El trabajo en Soltra en León y los retrovirales me han dado la vida»

Ana Segade Patiño es encargada de la lavandería de Soltra en León, donde trabaja desde hace 18 años. Tiene una discapacidad por VIH y renunció a una incapacidad absoluta porque «en Soltra tenía mi familia; caí al pozo y me lo ha dado todo«En otra empresa me hicieron la vida imposible por la lipoatrofia del tratamiento por VIH»

Ana Segade Patiño es encargada de plancha en la lavandería de Soltra en León.

Ana Segade Patiño es encargada de plancha en la lavandería de Soltra en León.ramiro

Ana Gaitero
León

Creado:

Actualizado:

La vida de Ana Segade ha sido de todo menos fácil. Creció sin el amparo de una madre y un padre y llegó «quemada» a la adolescencia. Caer en la adicción a las drogas fue el siguiente paso. En 1993, se empezó a encontrar mal y recibió un diagnóstico que entonces era sinónimo de muerte. «Tenía VIH y me quería morir, pero no fue así». «Llegué al 2000 echa polvo, pero seguía viva», relata. El intento de volver con su madre fracasó y llegó a estar en el pozo más oscuro, en la calle. Llegó a pesar 34 kilos y a tener las defensas tan bajas que no pasaba del valor de 80.

«Un médico me ofreció el tratamiento de retrovirales pero me dijo que en la calle no me lo podía dar», explica. Se subió a esa oportunidad. «Me salvó la vida», dice Ana, que a través de Aclad llegó a León a un piso adaptado para personas en su situación. Con el avance de los tratamientos para el VIH recuperó la salud y con su empeño, la dignidad personal.

 No fue un camino de rosas. Un efecto secundario indeseado de los fármacos le produjo una lipoatrofia que arrebató el 87% de la masa muscular a su rostro. «Te ponía la grasa en la barriga y en el pecho. Fuimos conejillos de indias pero nos salvaron», admite. Encontró trabajo en un supermercado, pero, según cuenta, se convirtió en un blanco de acoso por su condición física. «Me hicieron la vida imposible y tuve mi autoestima por los suelos». Después de un año y medio de baja le dieron la incapacidad para el trabajo habitual. «A través de un primo de mi marido conocí Soltra. Yo ni siquiera sabía qué era la discapacidad», señala. 

Desde el minuto uno, «supe que era lo mío». A los tres meses le comunicaron que tenían que despedirla porque le habían concedido la incapacidad absoluta y no podría trabajar en nada. «Lo rechacé. Soltra era para mí una familia. Una empresa, sí, pero muy especial: me dio la vida, conseguí un trabajo, me valoran y me siento querida», afirma. Han pasado 18 años y ahora es la encargada del área de plancha. Uniformes, ropa de trabajo, edredones, ropa delicada de hostelería, sanidad y otros sectores pasan por las manos del equipo. Ana también se ocupa de contestar a los clientes para los encargos.

  La sensación de pertenecer a una familia la refuerza otro hecho. «Mi marido se quedó sin trabajo y le ofrecieron un empleo para personas sin discapacidad», apunta. «Soltra me ha dado muchas cosas y como me ha ayudado a mí, sé que ha ayudado a mucha gente». La inclusión es una realidad que vive todos los días en su entorno. «Trabajo con personas de bajo rendimiento por su discapacidad y hacen una vida normal, con pareja». 

El contacto con otras personas con dificultades también lo ve sanador: «Cuando tienes un trocito roto, te das cuenta que con quien mejor conectas es con personas que tienen un trocito tan roto como tú». 

La historia de Ana, de 53 años, es un espejo que relativiza las dificultades que presenta la vida. Ella la resume en pocas palabras: «Se puede salir de cualquier situación si tienes gente que te apoye y, en mi caso encontré ese apoyo en el trabajo».

tracking