Diario de León

Un informe denuncia que sólo el 30% de los investigadores españoles son mujeres

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Luis Álvarez - PARÍS.
León

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Los centros de investigación y las universidades españolas se han convertido en cotos vetados a las mujeres. Estas sólo alcanzan el 30% de los puestos dedicados a la investigación y ocupan el 11% de cátedras en las facultades de ciencias experimentales, según los datos recogidos por la socióloga María Antonia García León en el informe La excelencia científica femenina elaborado con motivo de los premios L''Oréal-Unesco Women in Science 2003. El trabajo de María Antonia García León destaca que las ocho áreas de investigación de Ciencias de la Materia en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) «se caracterizan por tener la presencia más restringida de mujeres». El cuadro de investigadores en estas especialidades está compuesto por 2.128 personas, de las cuales 1.470 son hombres y 658 mujeres, lo que representa una proporción de féminas del 30,9%. La proporción se reduce ostensiblemente en las facultades de ciencias experimentales, donde de los 1.870 catedráticos que trabajan, 1.664 son hombres y sólo 206 mujeres. A juicio de la socióloga, esta situación es debida a la «presencia masiva de hombres» en los puestos de selección de personal, lo que causa «un efecto quasi sistemático de cooptación de candidatos masculinos que reproduce». Añade que está demostrado que en centros donde las mujeres han logrado tener cierta presencia, «esta logra hacer una especie de ''efecto masa crítica''». El «halo de la domesticidad» María Antonia García León denuncia la existencia de la idea dominante de «mujer igual a cargas familiares», lo que es denominado «halo de la domesticidad». Según el análisis de esta experta, las mujeres que destacan en la investigación se han liberado de las cargas familiares por la vía de no tener hijos o, en caso de que se lo permita su estatus social, por medio de las llamas «cargas a agentes especializados»: empleadas del hogar, colegios o guarderías. María Antonia García explica que las mujeres españolas que en la actualidad trabajan como altas profesionales, con edades en torno a los 50 años, tuvieron que pasar proceso de «sobreselección social» más intenso que el que pudiera soportar cualquier fémina en la actualidad. Nacidas en la posguerra, estas mujeres directivas proceden de familias «ricas y cultas», además de ser hijas de padres liberales y hasta «feministas».

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