| Reportaje | Un tercio del presupuesto de Sanidad se gasta en mejorar la imagen |
Doscientas mil personas pasan por el quirófano cada año por estética
Cerca de mil millones de euros cada año. Ese es el gasto de los más de 200.000 españo-les que se someten a algún re-toque estético. Lo equivalente a un tercio del presupuesto del Ministerio de Sanidad en un país que encabeza el ránking de la Unión Europea y obtiene el bronce mundial en cuanto a inversión en procedimientos de belleza. Su creciente proyección se evidencia en medidas inéditas, como que Sanidad se está pen-sando establecer un programa para que los médicos residentes del sistema público de salud, que no asume operaciones estéticas, se formen en esta materia en clínicas privadas. Pero existen otras manifes-taciones menos sanas de este boom. Si bien el fenómeno Loly Álvarez, adicción a la trans-formación absoluta de rostro y cuerpo, continúa siendo aislado en España, ya no lo es tanto el de aspirar a una cirugía estética como recompensa. No son legión, pero los profesionales confiesan que cada vez más jovencitas renuncian al coche o el viaje de ensueño a cambio de un aumento de pecho como premio por haber superado, por ejemplo, la Selectividad. Tal es la presión, algún especialista se ha llevado un importante rapapolvo por recomendar a los padres que lleven a su hija a terapia en vez de pagarle una operación, que la propia Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética ha solicitado que la ley exija un informe psicológico o psiquiátrico, al margen de la autorización paterna y el visto bueno del cirujano, para pasar el bisturí sobre un menor. El poderoso márketing hace mella en la permeable adolescencia: casi un 70% de este sector reconoce no estar conforme con su físico. Hasta el punto de que estaría dispuesto a pasar por el quirófano. Les frena el dinero y en la consecución de éste está, a juicio de buena parte del sector, uno de los lastres de una especialidad médica aquejada, además, por los escándalos, algunos de ellos dramáticos, del intrusismo. «Ni la cirugía da la felicidad, no es buen refugio para otros problemas, ni debe convertirse en una actividad especulativa», resume Francisco Martelo, jefe de Plástica en el Juan Canalejo y asesor de Sanidad. En España hay poco más de 900 cirujanos plásticos y es el país comunitario con mayor tasa de profesionales, 2,1 por cada 100.000 habitantes. Éstos son los que cuentan con la formación y la especialidad reconocida oficialmente. A ellos cabe sumar otros cirujanos capacitados y acreditados para realizar intervenciones también estéticas. Y dentro del campo de la medicina, aunque sin especialidad, están los más de 2.000 facultativos, licenciados, que trabajan en el mismo campo. Para ellos, los titulados en plástica, reparación y estética reclaman una regulación. «Se trataría, explica Martelo, de elaborar como una cartera de servicios, es decir, de delimitar quién puede hacer qué».