Se trata de una enfermedad sin curación y que se encuentra extendida por todo el mundo
Virus de la inmunodeficiencia felina, el sida que afecta a nuestros gatos
Aunque es un grave problema para los gatos, no es peligroso para las personas
Ahora que el virus causante del sida en personas es más o menos conocido por todo el mundo, oír hablar del sida de los gatos puede prestarse a confusión. En primer lugar hay que dejar muy claro que los gatos no trasmiten el sida a las personas. El virus causante de la enfermedad en gatos es un lentivirus, el VIF, que nada tiene que ver con el VIH de los seres humanos. Se transmite de unos gatos a otros principalmente a través de la saliva y mordeduras, razón por la que afecta sobre todo a gatos vagabundos y machos viejos no castrados que pueden salir fuera de casa: su propensión a pelearse con otros gatos facilita el contagio. Por el contrario, los gatos exclusivamente domésticos o los de criaderos de raza no suelen verse afectados. Tras la infección el gato suele presentar algo de fiebre, se le hinchan los ganglios y disminuye el número de neutrófilos (un tipo de glóbulo blanco de la sangre encargado de luchar contra las infecciones). Esta etapa suele ser pasajera y la mayoría de los gatos se recuperan volviendo a estar aparentemente sanos. Pueden pasar años o meses antes de que se desarrolle la verdadera inmunodeficiencia (pérdida de defensas). Extensión mundial No se conoce cual es el porcentaje real de gatos callejeros infectados, ni el de aquellos que mueren a causa de esta enfermedad, aunque sí se sabe que está presente en todo el mundo. La muerte se suele producir al desarrollar más fácilmente enfermedades oportunistas crónicas, más graves por carecer de defensas el gato infectado. Los síntomas pueden ser muy variados dependiendo de la enfermedad y los órganos afectados: vías respiratorias, aparato digestivo, heridas en la boca, sistema urinario, piel, etcétera. Se da también una mayor incidencia en estos gatos de ciertos tumores y leucemias que en la población no infectada por el VIF. Pueden aparecer trastornos neurológicos por lesión de la corteza cerebral que van desde dificultades motoras a demencia, convulsiones o cambios en el comportamiento normal, aunque este tipo de anomalías se observan en menos del 5% de los gatos contagiados. En la actualidad existen pruebas sencillas para determinar la presencia del virus en saliva o anticuerpos en sangre, aunque la mayoría de las veces la muerte del gato se achaca a una enfermedad oportunista permaneciendo el VIF sin diagnosticar. Por eso es difícil conocer el número de gatos que llegan a una fase terminal de esta enfermedad. El gato contagiado se mantendrá infectado durante el resto de su vida y, por desgracia, no existe por el momento ningún tratamiento efectivo contra el VIF. Por ello se recomienda la castración de los gatos machos como medida preventiva para evitar el vagabundeo y las peleas. Más información: http://users.servicios.retecal.es/rotto 1