Satisfacción de los consumidores
El acuerdo parlamentario ha sido muy bien acogido por la Oficina Europea de Uniones de Consumidores subrayando que si se aplica correctamente consolidará el derecho de los ciudadanos a disponer de información y a elegir lo que quieren comer gracias a un etiquetado claro de los alimentos derivados de OGM. También han mostrado su satisfacción las organizaciones ecologistas Greenpeace y Amigos de la Tierra al afirmar que se trata de un paso adelante y una victoria para los consumidores. Por su parte, EEUU defiende que los alimentos modificados genéticamente están estrictamente controlados y no tienen efectos perjudiciales para la salud. Se trata del mayor productor y no exige su etiquetado aunque su contenido sea superior al 1%. No es de extrañar que los sectores norteamericanos se hayan manifestado en contra del acuerdo europeo y califiquen las medidas tomadas por la UE como muy estrictas, carentes de base científica y un obstáculo comercial a las reglas establecidas por la Organización Mundial del Comercio. Además, afirman que son confusas para los ciudadanos, onerosas para los proveedores e imposibles llevar a la práctica para productos comercializados globalmente. La aprobación por parte del Consejo de Ministros de la UE, que se espera ocurra en septiembre, será el último paso para respaldar lo acordado por el Parlamento europeo. Además, se deja en manos de los Estados miembros la coexistencia de plantaciones transgénicas con otras no alteradas genéticamente y la responsabilidad ambiental por los daños causados por dichos cultivos.