CRÉMER CONTRA CRÉMER
Cuando salí de...
PUES CUANDO salí de esta ciudad navegable por el Bernesga y el Torío y voladora por el complejo aeronáutico de la Virgen del Camino, con su conventillo, con sus leyendas, con sus milagrerías y con su aeropuerto, pequeño pero apenas servible; pues digo, quiero decir que cuando salí de Cuba / dejé mi vida / dejé mi amor / cuando salí de Cuba dejé enterrado mi corazón. Y entre sollozos y canciones desesperadas con Aguilé de intérprete para el carísimo Auditorio del que dispone la Ciudad para su ruina, volví a escuchar, esta vez con música de algún cantautor enloquecido, la «salsa» del Aeropuerto, que es pues como una reivindicación, como cuando se piden escuelas, hospitales, cirugías cardiovasculares y esas cosas, pero en aparatos voladores, para el traslado del personal a los más distantes y peregrinos lugares del Universo Mundo. Porque, según explicaba en una de las declaraciones el señor secretario provincial del PSOE, y sin embargo amigo, don Miguel Martínez la ciudad de León, estaba perdiendo peso político a ojos vista y convenía evitar que caiga en la anemia absoluta, a la que según estas señales, está avocada. León, se cantaba ya por los barrios, con lastimero acento, necesita, exige, demanda si se quiere para no parecer violentos en tiempos del socialismo tranquilo, un nuevo aeropuerto. Otro aeropuerto, el aeropuerto que León necesita para no perder paseo. Y aunque, repasados los estados de las cuentas de nuestros organismos municipales y provinciales, llegamos a la conclusión de que no disponíamos de euros ni para mandar cantar a un ciego guitarrero, nos dispusimos a cubrir este vacío aero-social en el cual estamos sumidos. Porque, según aseguran los milagreros municipales, con un nuevo aeropuerto tal vez, quién sabe, quizá, podríamos llegar a pagar alguna de las deudas que acumulamos en las arcas vacías. Las comparsas que iniciaron la comercialización de esta demanda leonesa, compusieron un texto que aunque a mi se me antoja tosco y nada persuasivo, quizá, quien sabe, tal vez, podría servir para algo. Me remiten, para mi conocimiento y demás efectos, una copia, de la cual nuestro servicio de control suprime algunos versículos endiabladamente perversos: Queremos otro aeropuerto, de vuelo largo y más cierto y un puerto para nuestro mar interior muerto. Queremos otro río y otro puerto seco o mojado y a sol abierto, a los rumbos del desierto de este poblado evidente y cierto, que ¡coña! Necesita un huerto y un puerto y un aeropuerto, y otro río y otra Catedral. La luna y el sol y un desierto, para Polifemo tuerto y otro aeropuerto. y otro muerto. Queremos otro aeropuerto de vuelo seguro y directo para volar y volar como en cualquier otro lugar. Otro aeropuerto que no se le lleve el viento ni al señor Ayuntamiento que lo tiene que pagar. Y -¡ay de mi!- Que según se transparenta de las declaraciones emitidas confidencialmente, para general conocimiento, por el recién estrenado alcalde de la Ciudad, la situación debe ser tan caótica que por no caer en el vacío, el equipo de gobierno no investigará «sobre los doscientos decretos, supuestamente ilegales, firmados por el ex regidor, don Mauro.» La sugestiva declaración es de las que provocan pánico. ¿Estamos ante una nueva guerra?