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VICTORIANO CRÉMER
León

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BUENO, la Virgen de Covadonga, la Virgen del Camino, la Virgen del Pilar y la de Guadalupe. Todas las Vírgenes, que se sepa, son pequeñinas y galanas. Lo cual por cierto no debiera haber sido motivo para que el Camilo de los disparates, se permitiera la graciosa blasfemia que estampó al frente de un comentario. Precisamente coincidiendo con la fecha tutelar y sagrada, sobre todo para los del bollo preñau , de la Fiesta de la Santina. Todavía no hace muchos años, la Fiesta de la Virgen de la Cueva histórica de Covadonga suponía fiesta también para León, que desde tiempos históricos, aún antes de que el oso de León se comiera al Rey Favila, había incorporado a su programa de conmemoraciones la de la virgen astur. Nos sentíamos tan astures los del Puerto «para acá», que en el día de su magna demostración regional, se echaban a la calle gaiteros venidos especialmente de Gijón, para acompañar a los sempiternos amigos de la Casa de Asturias en su celebración. Y efectivamente las calles se llenaban de agudos sones y también de gentes de buena ley, que aprovechaban la feliz ocasión para ratificar la simbiosis astur-leonesa. De tal modo aparecían vinculados leoneses y asturianos, que cuando, en uno de los momentos más decisivos de la vida de ambos pueblos, cuando se trató de consagrar la fusión de los dos pueblos para la constitución de una Federación o Comunidad astur-leonesa, el pueblo de León, que fue sometido a una encuesta para conocer sus tendencias, se pronunció por la adscripción de León a las Atruias. No pudo ser y todos sabemos por qué y quién hizo de Merlín mágico en la operación que produjo como consecuencia, nuestra inscripción oficial en la conjunción de Castilla y León, todavía no entendida. La constitución de la comunidad astur-leonesa resultaba tan obvia, que no parecía necesario tomar ninguna otra decisión que no fuera la que la inclinación natural del propio pueblo consagraba. El Cantábrico que se embravecía contra las rocas astures, era el mar leonés y el bable se alimentaba de términos que venían manteniendo desde tiempos inmemoriales los pastores de alzada. Lo que sucede con esta clase de formulaciones políticas -lo mismo cabría decir de Galicia y los gallegos- es que si no se consiguen las nupcias al primer contacto amoroso, los sentimientos se van desligando, se pierden, y acaban por ser solamente un dato para la mejor recordación de todos. La Casa de Asturias en León era entonces un territorio astur con todos los derechos y privilegios a partes iguales. Porque así que llegaba el Día de San Miguel, aquellos mismos devotos a la sidra, de la institución representativa, acudía a la Virgen del Camino a formar parte de la tradición leonesa. De ahí que cuando se suscitan cuestiones del más puro sentido económico y monetario, olvidando los motivos que nos unieron durante tantos siglos, y se encrudecen los términos de nuestra relación amistosa por si este puerto seco o aquel territorio sirve mejor para el deporte o para aquello otro, nos sentimos todo lo entristecidos que se debe sentir aquel que está en peligro de perder un amigo querido. León es para Asturias, no solamente un camino, una ruta y una tierra más o menos liberada, sino una referencia obligada. Como lo es para el leonés la imagen, la señal, el tono y la palabra de las Asturias... Andaba el que suscribe por tierras del Andalus, cuando al ilustre profesor que le correspondió la presentación, se limitó a decir: -Señoras y señores. Se trata de un leonés, o sea un natural de las Asturias, para que me entiendan...

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