Actualización estética y revitalización de su carácter deportivo y exclusivista
Nuevos Alfa 156 y Sportwagon, para volver a soñar... la magia continúa
Seis años después, Giorgetto Giugiaro se ha encargado de embellecer lo bonito. La segunda juventud
El Biscione... de la Signoria Viscontea , uno de los emblemáticos signos de la automoción mundial resurge en la estética de uno de los más bellos automóviles transalpinos en el espíritu de Arese. El Alfa 156 se convierte así en todo un clásico... tan puesto al día, que se diría recién nacido. No es pequeño el embite al que la Anónima Lombarda ha sometido al estudio de Giugiaro: realzar la belleza de un coche tan acertado como difícil de transformar: calandra más grande, emblema resaltado y parachoques sobredimensionados (más fácil de enunciar que de llevar a la práctica) son los «pequeños» detalles sobre los que el GG construye un «nuevo» Alfa 156, destinado a hacerse otro hueco -y no pequeño- en el corazón de los incondicionales... y de quienes lo volverán a ser a partir de ahora. En un interior ya de por sí «redondo», Giugiaro ha conseguido también revisarlo al alza en la renovada aportación de deportividad y exclusividad estética a las que tan acostumbrados están los usuarios de la marca y sus responsables comerciales. El resultado es un interiorismo ligeramente modificado (la pantalla multifunción se sitúa ahora en la parte superior del salpicadero) que el 156 acaba por ofrecer un aspecto acorde con los tiempos que le tocará vivir a esta su segunda generación. Volviendo al exterior, la zaga también ha recibido leves retoques en sus grupos ópticos y en la tapa del maletero, lo que acaba por conferir mayor volumen al conjunto. Unos retoques que vienen aderezados por la nueva gama de colores; 16 en total, la mayor parte de ellos (11) metalizados, un par de ellos metalescentes y solamente tres sólidos. En el capítulo mecánico, los nuevos Alfa 156 y Sportwagon confían su movilidad a motores de última generación, la mayoría ya conocidos en los catálogos del fabricante, aunque la palma se la lleva una auténtica novedad: el 2.4 JTD Multijet de 20 válvulas (5 cilindros ) y 175 caballos que se convierte en toda una joya de realizaciones turbodiesel common rail de última hornada y que viene a ocupar el sitio del, ahora desaparecido, 150 caballos con, como cabe suponer, un evidente incremento prestacional y de utilización dinámica (más silencioso y con menos vibraciones). Los colectores de admisión y escape, además de la refrigeración y las revoluciones a las que trabaja el turbo, amén de una inyección directa de mayor presión (1.400 bares) son los aspectos sobre los que han trabajado los ingenieros de Alfa para lograr esos 25 caballos suplementarios. La consecuencia es que la tal «máquina» es capaz de acelerar de cero a cien en 8,6 segundos y de alcanzar una punta de 225 por hora con, lo más significativo, una media de consumo en torno a los 6,6 litros por cada centenar de kilómetros. La guinda: un cambio manual de 6 marchas, al que viene acoplada la joya... en la actualidad, porque en un plazo de pocos meses también podrá optarse por una caja automática de 5 velocidades. La generalidad de capítulos mecánicos permanece invariable con respecto a la anterior generación 156; es decir, que se mantienen los frenos de disco en las cuatro ruedas, la «circuitera» dirección (poco más de dos vueltas entre topes) y un chasis, suspensiones incluidas, que para sí quisieran muchos de los autodenominados «deportivos» que circulan... por ahí. Los precios no han variado sustancialmente (un incremento que no supera el 2,5%) de forma que la tarifa comienza en 20.600 euros y termina en 35.400 euros del Sportwagon V6 con cambio automático Q-System. En suma, que Alfa sigue empeñada -bendito empeño- en conservar intactos los valores de un virus que ha terminado -y ojalá que siga- por adueñarse del espíritu de cuantos tienen oportunidad de conducir un 156. ¡Auguri! .