Diario de León

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Vigilancia radiológica ambiental Toma de muestras y análisis

La determinación de sustancias radiactivas se realiza con equipos de alta sensibilidad que identifican radioisótopos en concentraciones muy inferiores a los límites nocivos

Publicado por
B. Carrillo león
León

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La puesta en marcha de laboratorios de contaminación ambiental surge en España en 1985 con la entrada en la UE. El elevado número de instalaciones nucleares y radiactivas (centrales, fábricas de combustible nuclear, explotaciones de uranio, hospitales, centros de investigación), puso de manifiesto la necesidad de establecer un programa de vigilancia radiológica en el ámbito nacional acorde con las directrices europeas. Esta necesidad se acentuó tras el accidente de Chernobil (Ucrania, 1986), en el que se constató que las características técnicas del reactor y sus dispositivos de seguridad eran anticuados y no cumplían con los rigurosos requisitos exigidos a las centrales nucleares de occidente. Este, y otros de menor gravedad, como el ocurrido en Harrisburg (EEUU, 1979), demostraron que la seguridad de las centrales nucleares distaba bastante de los niveles de fiabilidad inicialmente estimados. Nuestro país no ha estado expuesto a accidentes nucleares graves. El incidente de mayor daño potencial ocurrió en 1966 en la costa de Palomares (Almería), debido a un accidente de aviación que provocó la caída al mar de varias bombas de hidrógeno, recuperadas sin mayores consecuencias. En los resultados de la contaminación radiactiva en el área del accidente, recientemente presentados, se observan niveles de radiactividad superiores a los de zonas colindantes, pero muy inferiores a los considerados como nocivos para el hombre. Detectar sustancias radiactivas El laboratorio de Radiactividad Ambiental de la Universidad de León, dirigido por el profesor Benito de Celis Carrillo, desarrolla su actividad desde el año 1992 en colaboración con el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y su misión es medir la radiactividad ambiental mediante la toma de muestras del aire, agua y alimentos. Su trabajo se centra en la zona norte de la Comunidad y estudia el comportamiento de isótopos radiactivos naturales, familias radiactivas (U-238, Th-232, U-235) y sus descendientes (Ra-226, Rn-222), así como otros constituyentes radiactivos presentes en la biosfera (K-40, C-14, Be-9). Algunos, como el radón, pueden encontrarse en concentraciones muy por encima de los niveles aconsejables en viviendas construidas sobre determinados terrenos como sucede frecuentemente en varias zonas del norte de León, cuyos suelos contienen abundancia de minerales de uranio. La mayoría de las sustancias radiactivas detectadas en esta provincia proceden de pruebas nucleares realizadas en la atmósfera durante los años de la guerra fría que se extendieron por toda la superficie terrestre dejando pequeñas concentraciones de Sr-90 y Cs-137, fácilmente identificables con equipos especiales en cualquier tipo de terreno. Además, se encarga de estudiar el entorno de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), analizando los isótopos radiactivos artificiales procedentes de la fisión del uranio, algunos especialmente peligrosos aún en pequeñas concentraciones, al acumularse en los órganos del cuerpo y ocasionar tumores cancerígenos. Para desarrollar su trabajo, los investigadores disponen de un laboratorio de medición, en cuya área restringida está totalmente controlado y reducido al mínimo el fondo de radiactividad presente, debiendo ser inferior al de cualquier laboratorio en donde nunca se hubiese trabajado con sustancias radiactivas. Este requerimiento es necesario para poder alcanzar los límites de detección tan pequeños que se exigen en estas medidas. En un segundo laboratorio se preparan las muestras y se realizan los análisis radioquímicos necesarios para separar elementos radiactivos de difícil detección, algunos especialmente peligrosos, como el Sr-90, que se concentra en los huesos y tiene una vida radiactiva muy larga, o el I-131, que se almacena en el tiroides. La toma de muestras se realiza con equipos repartidos por el campus universitario mediante bombas de aspiración de aire de elevado flujo, recipientes especiales de recogida de agua de lluvia, filtros de carbón activo con retención selectiva de elementos radiactivos, etcétera. Su recolección se realiza periódicamente por personal del laboratorio que se traslada también a la central nuclear para recoger muestras en su entorno. Los equipos empleados son de alta sensibilidad y permiten la identificación de radioisótopos incluso en concentraciones muy inferiores a los límites considerados nocivos en caso de una exposición prolongada. Se trata de detectores de radiación de partículas alfa, beta y gamma provistos de electrónica y blindajes apropiados para reducir la radiactividad de fondo debida a la radiación cósmica, la radiactividad presente en materiales de construcción y suelos, emisiones de radón, etcétera, que puede interferir con la radiactividad que se pretende medir.

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