Diario de León
Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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CON EL ANUNCIO de las Generales, allá para los idus de marzo, salen a la superficie como las setas, los pelotas : Una especie humana que prolifera de manera tan escandalosa, que de no ponerle freno en las cuatro ruedas, terminará la sociedad por quedar en un conjunto de míseros animalitos dedicados a manejar el botafumeiro, sea como sea, y exclusivamente para merecer la atención del halagado, sea este patrono, mercader, ladrillero, alcalde, presidente o hijo de la noche. La especie del pelota es tan peligrosa, que en los códigos éticos aparece especialmente subrayada, para advertir al niño, a la niña, al varón, a la hembra, al clérigo y al seglar, de que, si se deja enredar en sus telas de araña, terminará en víctima, sin posible rescate. En la España del general ferrolano se prodigaba tanto el pelota, que aquel que no disponía de las condiciones mínimas para ejercer de tal, -bueno, de tal y de cual- se quedaba de cuadra, y a disposición de la Ley de Vagos y Maleantes, mientras que el hábil, el listo de la parroquia, el educado para ser un verdadero hombre de provecho, progresaba espectacularmente y de la nada, como quien dice, en un pis-pás conseguía triunfos, títulos y fortuna. Incluso quien nunca sobresalió sino en lo torpe, morugo y empedrado de su cerebro, llegaba a concejal, a diputado y si se descuidaban los encargados de la policía nacional, a los más altos y brillantes estrados. El pelota nace y se hace, porque les hay de muy diversas castas. Los que nacen pelotas, lo son por herencia genética y nunca dejarán de serlo así lluevan capuchinos con conchas. Y los pelotas que podríamos llamar de segunda mano, se hacen mediante el uso: A fuerza de cortar atributos, se aprende a capar y a medida que el pelota ejerce como tal, alcanza la máxima calificación y obtiene el diploma de Pelota Nacional, que tanto se usa en tiempo de elecciones; o así que se le ofrece la oportunidad de machacar a un prójimo para ocupar su plaza. Dicen los sociólogos que la culpa de esta proliferación nefasta del pelota en la España democrática es mera consecuencia de la sociedad misma, concebida y desarrollada por «pelotas» ascendidos a cumbres inconcebibles por ambición, por vanidad o por limitación de las neuronas positivas. Se nos aconseja por el Servicio Social que evitemos a los pelotas como se evita los malos vientos para combatir la gripe, pero es que así como para la gripe, pese a las dudas científicas de sus virus, existan remedios, como el de «al catarro con el jarro», para el virus del pelota en acción no se conoce ningún fármaco. Dicen los que disponen de pelota particular para sus usos y malas costumbres: Si usted quiere triunfar, ponga un pelota en su casa o en este tiempo feliz de la Navidad «ponga a un pelota en su mesa». Al pelota titulado también se le conoce por El trepador y esta es la letra de su himno: «Que en este mundo ladino no basta buscar padrino ni mendigar el favor cambiándose de casaca para convertirse en caca y quedar en trepador».

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