Diario de León

EL PULSO Y LA CRUZ

Un bebé insignificante

Publicado por
ANTONIO TROBAJO
León

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Termina el tiempo de Adviento y nos aboca a la Navidad. Este «pulso» es el último antes de la gran fiesta religiosa -y profana y profanada- de la celebración de la Natividad del Hijo de Dios. Hace poco más de dos mil años, en una cuadra, en las afueras del pueblo de Belén (Pocos kilómetros al sur de la actual Jerusalén), durante la noche, una pareja de desplazados por mor de un decreto del Emperador romano Augusto que pretendía contar al detalle sus vasallos, asistían al nacimiento de un bebé, varón, que iba a cambiar el rumbo del decurso de las cosas y las personas humanas y que, sin embargo, a falta de cuna, tuvo que ser acostado en el pesebre de quien sabe qué animales. Desde lo irrelevante y marginal hasta el eje del tiempo y de la cultura. Así son las cosas de Dios. Con aquel acontecimiento se colmaban las esperanzas de tantas buenas personas que durante siglos habían reclamado, con insistencia y con fe, que Dios tomara cartas en los asuntos humanos y nos ayudara a apartarnos de las miserias deshumanizadoras -por carta de más o de menos- del endiosamiento y del embrutecimiento, de las euforias efímeras y de las desesperanzas duraderas, de las adulaciones y preferencias, así como de los odios y los cainismos, de los afectos malsanos y de la incomunicación, de los egoísmos y de los abusos contra otros, de las muertes y de la muerte. Sobre todo, de la segunda muerte, de la muerte eterna, de la infelicidad absoluta. El Dios autor de todo lo que existe se convierte en un «Dios con nosotros» -y para nosotros- . El Dios depósito de plenitud y bienestar pasa a ser un mendigo de los afectos del ser humano. El Dios alejado en su mismidad natural se echa a patear nuestros caminos terrestres. El Dios omnipotente acaba por hacerse insignificante en la identidad del ser más indefenso de todo el reino animal: un niño. Desde entonces a Dios sólo se le encuentra entre los pequeños y los pobres. Así está al alcance de todos, porque, de un modo o de otro, todos participamos de esa condición reducida. Salvo quienes se crean el «tu-autem-domine» -que de todo tiene que haber; como en botica-. Estos van a tener muy difícil conseguir el raspado de la realidad física que permitirá ver con el corazón lo que es invisible a los ojos: a Dios y su bondad. El mismo niño de Belén, ya adulto, lo dijo de otra manera: «Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y expertos, y se las ha dado a conocer a la gente sencilla». Ahí queda eso. Que no es ningún mayo del 68 ni ninguna plataforma reivindicativa ni una maldición determinada contra nadie. Es un toque de atención para que nos deslicemos por las ranuras de la ingenuidad y de la inocencia. Así se entiende lo de «si nos os hacéis como niños...». Total, que bien podemos los seres humanos de buena voluntad felicitarnos en estos días. La fórmula nos la dieron los coros celestes que, en aquella noche, extendieron por el mundo, de parte de Dios, una pancarta con el mensaje armónico de un nuevo tiempo que se abría: «Alabanzas a Dios pro su identidad inefable y paz a los seres humanos en los que Él ha puesto sus complacencias». Que así sea. Que así es. Por eso, acojan con ternura a nuestros chavales cuando hoy se los encuentren por la calle entonando villancicos, repartiendo sonrisas y sembrando estrellas. Son mensajeros de una esperanza ya cumplida que nadie podrá ahogar. Y mire que algunos llevan siglos pretendiéndolo. Es una causa imposible. Todo lo contrario de la de la felicidad, cuyas claves nos regaló un bebé engendrado en el amor entrañable de Dios. Otras cosas. De obligado aroma navideño. Y no el de las colonias que nos anuncia la tele. En Astorga, un año más, han repetido su programa radiofónico por COPE solicitando gestos de solidaridad especialmente a favor del «Proyecto Hombre» contra las toxicomanías y al grito de «Sal a su encuentro. Son tus hermanos». En la misma idea nos está insistiendo Cáritas: «Donde están los últimos». Lo que no se contradice, por ejemplo, ni con el apretado programa de actividades de la Asociación Belenista, ni con los conciertos de Corales y Coros parroquiales, ni con la velada «Ad cunas», que organiza, con pregón y todo, el grupo JUSLEMA (para mañana, a las ocho menos cuarto de la tarde, en los PP capuchinos). Sean felices.

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