CRÉMER CONTRA CRÉMER
Soy un leonés claro ...
NO SE TRATA de una reivindicación sino de una proclamación. El mundo en el cual estamos asentados, no nos acaba de gustar, pensamos que algo nos falta y lo que es peor, que algunos nos fallan. Donde y cuando menos se piensa, salta la liebre de una novísima norma a la que debemos ajustar nuestra conducta y nos damos cuenta de que, en realidad la originalidad de la nueva ley consiste en que data de cuando el mundo comenzaba a darse cuenta de que era redondo y daba vueltas alrededor de su eje. Ha sonado la hora por todos los relojes peninsulares de decidirnos sobre cual es la forma de vida a la cual vayamos a ajustar nuestro comportamiento social, político, cultural y religioso: el día 14 del mes ventoso de marzo, los españoles y los leoneses se verán en el trance de elegir. La selección, a la que se nos invita no es un juego, sino un destino. Durante cuatro años, en principio, estamos autorizados para cambiar el rumbo de la nave y relevar a la tripulación hasta el momento responsable de la aventura de surcar las tormentosas aguas del mar político de los sargazos. España no va todo lo bien que proclaman. Ni, por supuesto, tan catastrófica como acusan los rivales. España navega con bandera de pendejo, es decir según se nos ordena por los mandos supremos del Imperio. Somos los mandados más disciplinados y obedientes. Y aunque los infelices mortales de a pie no se den cuenta del provecho que esta ciudad de cordialísima sumisión proporciona, no cabe duda de qué peor sería no tener con qué mear. Al fin se han roto los precintos y una voz resonante nos anuncia el comienzo de la Gran Marcha: Dice el candidato leonés José Luis Rodríguez Zapatero: «Soy un leonés claro y quiero dejar claro que, como Azaña, me siento español por los cuatro costados»... La bandeja se ha desplegado y las distintas huestes se disponen a desplegar sus fuerzas. Nunca, en la historia de León y sus islas, nos fue dado contar entre los mariscales de nuestros ejércitos políticos, con una figura tan relevante políticamente, tan apasionante y sobre todo tan prometedora como la que se nos aparece en pantalla. José Luis Rodríguez Zapatero es un leonés de vocación, de costumbre y de devoción. León le hizo, poco a poco día tras día, año tras año, y cabe decir que en todas las variaciones de nuestra postura política, con mayor o menor fortuna, estuvieron presente y activos estos Rodríguez Lozano, que ahora se nos proponen como guías de un futuro que necesitamos claro y limpio. Entre las notas enigmáticas que se le proponen al elector es la proclamación de Santa Matilde, reina de Germania y muerta en el año 968, como tuteladora de estos comicios,, que, por lo que se percibe no serán, no son, cosa de santos, sino de pecadores. Ya sabemos, todos lo sabemos, que juntamente o frente a frente se nos propone la candidatura del señor Rajoy, un gallego que, diga lo que quiera, ejerce de tal y que será, es, un rival complicado para el leonés, pero naturalmente a los leoneses, como a los gallegos no les es permitido votar a dos señores. Que casa de dos puertas mala es de guardar.