Los obispos españoles consideran que es «una instrumentalización de la vida humana»
El Gobierno y la Iglesia repudian todo tipo de clonación de embriones
Arenas afirma que el Ejecutivo seguirá al pie de la letra el Convenio de Oviedo sobre genética
La imagen recoge la transferencia del núcleo de una célula adulta a un óvulo enucleado
En medio de la cautela y la diversidad de criterios de la comunidad científica española, el Gobierno y la Iglesia Católica condenaron ayer sin matices la clonación de embriones humanos con fines terapéuticos practicada por primera vez con éxito por investigadores de la Universidad de Seúl. Para el PSOE, sin embargo, se trata de un paso prometedor en medicina regenerativa que abre esperanzas de curación futura a millones de enfermos en todo el mundo. El vicepresidente segundo, Javier Arenas fue claro. «Rotundamente en contra» -dijo- de aventuras que, aunque con buenos propósitos iniciales, pueden adentrarse antes o después en el proceloso terreno de la creación de replicantes humanos y otros experimentos de alcance incontrolable. Prevención El Gobierno -sostuvo Arenas- no se cierra a la investigación embrionaria con fines médicos, «pero esto hay que hacerlo con todas las prevenciones, con todas las cautelas, con todas las certificaciones técnicas», que duda haya mantenido el equipo surcoreano. El número tres del Ejecutivo se remitió a las restricciones marcadas por el Convenio de Oviedo de Bioética (1997) sobre experimentación genética y reproductiva, que prohíbe la clonación en seres humanos. «Estos temas son muy delicados porque tienen que ver con la conciencia y la ética de las personas, y es necesaria la unanimidad de los científicos», apostilló. Los obispos españoles rechazaron la clonación de embriones humanos aunque se haga con fines terapéuticos ya que consideran que es «una instrumentalización de la vida humana». Monseñor Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal, explicó que si se pierde el respeto por la vida en un punto, en este caso al producir un ser humano para ser usado por otro «¿dónde pondremos el límite para el valor de la vida?». El secretario general de la Conferencia Episcopal aseguró que esa práctica cuenta con el apoyo de algunos grupos «es contraria a la dignidad humana».