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La cicatrización de la naturaleza

La denominada «sucesión ecológica» es un proceso de cicatrización espontánea y de repoblación vegetal de territorios que han sido afectados por la erosión o un incendio

Publicado por
G. Rodríguez - león
León

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Parece increíble pero la naturaleza trabaja a veces en favor de nuestros intereses, incluso aunque sean conservacionistas. Un caso ejemplar se da en el ámbito de la restauración paisajística y ambiental. La naturaleza no está quieta, los ecosistemas y paisajes cambian constantemente siguiendo unos procesos subyacentes que se pueden manejar y reconducir según nuestros intereses. Uno de ellos se denomina «sucesión ecológica», algo así como la cicatrización espontánea y la repoblación vegetal gratuita de territorios que han sufrido perturbaciones, tantas veces provocadas por la actividad humana. Se realiza sin nuestro consentimiento en zonas que han sufrido un incendio, comarcas donde abundan campos de cultivo abandonados, o laderas muy erosionadas por siglos de sobrepastoreo. De forma natural, estos enclaves empiezan a ser colonizados y tapizados de verde, aumentando su biodiversidad y su valor como espacios naturales. Primero se suelen establecer hierbas anuales y luego pastizales más estables. A continuación son comunidades de matorral que se van adensando mientras en su seno empiezan a prosperar arbolillos que, al cabo de unas décadas, permiten la instalación de un incipiente bosque. Todo ello, si no se interrumpe el argumento de la obra con una perturbación intensa como un nuevo incendio o un intento de roturación. El mejor aliado Estos procesos se estudian desde hace treinta años por el grupo de Investigación de Dinámica Vegetal y Ecología del Paisaje de la Universidad de Salamanca, al que pertenece el profesor de Ecología, José Antonio García. Los resultados demuestran la capacidad autorregenerativa de gran parte de los ecosistemas, la posibilidad de intervenir en ellos y la importancia de permitir y dar tiempo a los procesos sucesionales para que se recuperen áreas con comunidades vegetales maduras, que desempeñarán un importante papel como refugio y reservorio de biodiversidad. Todo ello ha podido cuantificarse, tanto en los ecosistemas de dehesas como en las comarcas meridionales y occidentales de Castilla y León donde predominan los territorios con grandes potencialidades conservacionistas y forestales, pero necesitados de medidas de restauración ambiental y paisajística. Se trata de cientos de miles de hectáreas que sufren el abandono por los profundos cambios en el entorno socioeconómico. Aunque en ellas funcione la restauración espontánea mediante la sucesión ecológica, a menudo puede resultar demasiado lenta. Pero se puede manejar el proceso, acelerar el ritmo de las tendencias sucesionales y ahorrar numerosos recursos en restauraciones directas, muy costosas e impensables a medio plazo para tan ingentes superficies. Antes se demandaban cultivos de madera sin malas hierbas competidoras y los matorrales eran los enemigos a combatir. Si ahora se quiere activar la restauración y reforestación espontánea, esos mismos matorrales son los mejores aliados. La afirmación puede sorprender cuando hoy día se insiste sobre la necesaria limpieza de montes para combatir los incendios. Sin embargo, su generalización abusiva e indiscriminada supondría un nuevo desastre ambiental o, al menos, una torpeza al interrumpir y retardar el proceso espontáneo de regeneración de algunos ecosistemas. Hay que tener en cuenta que los bosques maduros, bien conservados, se autolimpian de matorral. El problema surge en las etapas sucesionales intermedias entre las comunidades iniciales de herbáceas y las finales de bosque. Ese amplio lapso temporal de transición pertenece al dominio de los matorrales.

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