EL AULLIDO
El Bello Tenebroso
DE NUEVO LOS POLÍTICOS y el clero desean ayudarnos a alcanzar la salvación, pero siempre hay alguien entre nosotros que no quiere salvarse; que prefiere perderse. Alguien que vive con desatada intensidad porque no se conforma, porque no se doblega, porque discrepa con lucidez. Ése es, por definición, el joven maldito, el rebelde, el bello tenebroso, ése que piensa libremente y se opone así a la dictadura de la normalidad, al tiempo que crea un camino propio que, probablemente, le llevará al fracaso. ¿No es en el fracaso donde reside la esperanza? Ahora que el éxito a cualquier precio es la meta y el paraíso que casi todos desean, ahora que los engaños y las ilusiones ópticas también son globales, se reciben con entusiasmo las novelas que cuestionan el orden moral y el orden social; las novelas que no sólo nos entretienen mientras describen la realidad sino que además nos hacen ver con otros ojos esa misma realidad, e incluso insinúan que el mundo puede ser también de otra forma... Hay seres humanos que tienen respuestas. La última novela de Luis Antonio de Villena «El Bello Tenebroso» (Ed. La Esfera de los Libros) se lee como una obra progresista, transgresora, heterodoxa e infrecuente, y a la vez como un texto culto. Cada vez nos hacen más falta estas protestas constructivas, este pensamiento creativo, este inconformismo formado e informado. Vean. De un lado tenemos a Luis, inteligente profesor de arte de conversación amena, de posición social elevada, de inclinación por la belleza de los muchachos y hombre de elaborado mundo personal: «Se hablaba de sus relaciones con alumnos bien parecidos, nunca en las aulas, donde más bien parecía severo, y además ¿por qué un caballero delgado, con el justo trabajo de la edad bien llevada, no resultaría atractivo o sensual...?». Del otro lado está Álvaro, un bello tenebroso, un nuevo Rimbaud o un bohemio Jim Morrison actual; otro joven entre la rabia y la belleza «cuyos deseos se dan de bruces con el mundo». Luis es amigo de los padres de Álvaro y acude una noche a cenar a casa de estos -familia acomodada que sabe apreciar la erudición y el arte- y entonces conoce al hijo díscolo; al bello tenebroso. Queda en ese instante fascinado por el muchacho pero su prudencia social le impide dar muestras de ello con lo cual, tras esa agradable velada, la vida de cada uno sigue su curso. Pero poco después se produce el punto de inflexión del argumento, ya que Luis recibe una contundente carta firmada por Álvaro: «Estimado señor o querido Luis: Permítame no ocultarle (voy a tratarle de usted) que sé que te pongo cachondo...». A partir de esa misiva asistimos a una historia de seducción entre ese joven, que está inaugurando de forma rebelde su madurez, y un hombre maduro que trata de retrasar mediante el hedonismo y la belleza el paso del tiempo. Álvaro quiere probar, experimentar, no comprometerse, no caer en etiquetas o convenciones y reafirmarse además en su propia inteligencia al sentirse deseado por alguien brillante. Luis anhela en el fondo algo más, la estabilidad, el amor, pero sabe que no se lo puede permitir, y se zambulle pues en el deseo. «El Bello Tenebroso», en esencia, es un libro-homenaje a los jóvenes inconformistas y a la contra; jóvenes con talento para la vida que intentan ampliar la normalidad moral y las fronteras del Orden, la Virtud y el Bien. Igualmente hay en estas páginas un canto en favor de la experimentación vital y sexual como tratando de explicarnos que la bisexualidad, o más bien la plurisexualidad, forma frecuentemente parte de la contracultura y del espíritu transgresor e iconoclasta de los librepensadores. Esta claro que hoy día leemos novelas para habitar otros lugares, para ser otras personas y para vivir otras vidas, sí, pero también debiéramos hacerlo para formar nuestra conciencia e imbuirnos de imaginación, sensibilidad, inteligencia y compromiso. He aquí, en este sentido, una novela radical; una narración contundente que propaga un mensaje ético revolucionario. Les recomiendo que la lean. Si se atreven.