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JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
León

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A TRAVÉS de un servicio de noticias que nos llega por internet, hemos podido leer unas páginas tremendas de las que nadie se hace eco en esta tierra. Se trata de una entrevista a un misionero comboniano, originario de Brescia, que en la actualidad es obispo de Rumbek, en el sur del Sudán. Habla el buen obispo de los dos millones de personas asesinadas en el país. Y comenta ampliamente la terrible persecución que sus cristianos padecen por parte de los musulmanes. Cuenta un caso en el que un cristiano ha sido literalmente crucificado, con una crueldad imposible de referir aquí. Si el mismo llegara a ir a la capital, no lo contaría más. Y luego habla del hambre. Un hambre atroz, inimaginable, debida a la sequía y a la guerra. Los aviones del régimen gobernante han llegado a derribar aviones que llevaban alimentos a las zonas más deprimidas. El desierto y la compra Evidentemente no es ése el único caso de hambruna de los que actualmente están cebándose en los pobres de la tierra. Mientras tanto, el mundo tecnificado gasta billones de sus monedas más fuertes en espectáculos y en frivolidades. Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor. El día del Corpus. El relato evangélico nos recuerda, una vez más, el episodio de la multiplicación de los panes y los peces. El texto de Lucas que leemos este año tiene dos detalles propios que resultan interesantes. - Los discípulos piden a Jesús que despida a las gentes para que vayan a buscar comida «porque están en un lugar desierto». Es una nota que puede simplemente querer explicar el motivo de ese ruego. Puede evocar la peregrinación del antiguo pueblo de Israel y la providencia de Dios. Y puede ser leída hoy con un deje alegórico que denuncia la sequedad y apatía de nuestra sociedad. - Cuando Jesús pide a sus discípulos que den de comer a la multitud, ellos informan de sus escasos recursos, pero añaden: «A no ser que vayamos nosotros mismos a comprar alimentos para toda esta gente». Esa frase sólo ha sido introducida en el evangelio de Lucas, tan atento siempre a los marginados. Podemos escuchar una interpelación a nuestra responsabilidad social. El pan y el pobre En el relato de la multiplicación de los panes, sobresale frase que Jesús dirige a sus seguidores: «Dadles vosotros de comer». Esas palabras habrían de ser aceptadas como un mandamiento explícito. ¿ «Dadles vosotros de comer». Los países ricos han de aprender que el terrorismo internacional no se puede aplastar por la fuerza. Ya Pablo VI profetizaba el día en que los pobres del mundo se levantarían para reivindicar su pan y sus derechos. ¿ «Dadles vosotros de comer». Las organizaciones cristianas de caridad han entendido bien que no basta con dar un pan. Hay que promover cultura e instituciones justas. Hay que ayuden a las gentes a ayudarse. Hay que diseñar un nuevo orden mundial. «Dadles vosotros de comer». Todos nosotros tenemos una responsabilidad inesquivable. Nuestros despilfarros son escandalosos. Los bienes que a nosotros nos sobran corresponden a nuestros hermanos. ¿ Señor Jesucristo, que te has entregado en alimento por nosotros, que al venerar en el pan tu presencia sacramental recordemos que te has identificado con nuestros hermanos más pobres. Amén.

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