El paisanaje
Elemental, Watson
EN LOS PAISES serios, que suelen caer en el mapa de Benavente para arriba, como Estados Unidos o Inglaterra, las pesquisas de la policía secreta se llevan eficaz y sigilosamente y, sólo cuando el caso está resuelto, salen en la televisión o se publican en los papeles. Son proverbiales, por ejemplo, los éxitos a golpe de vista del bizco teniente Colombo en la americana California, que es como aquí Marbella pero con gabardina sudada en agosto, o los de sir Arthur Connan Doyle, de alias Sherlock Holmes, que metía la nariz en todas partes ayudándose de una lupa pegada por el mango al apéndice nasal y nunca fallaba. Elemental, Watson. Aquí, en cambio, es otra cosa. Día más o día menos no hay mañana en la que uno no se desayune en la prensa con sensacionales revelaciones de la trama del 11-M, cuando los bombazos de Atocha y Vallecas cambiaron el rumbo del país. Si no fuera porque allá quedaron 198 muertos, sería de risa. Resulta que solo se encuentran pistas en los periódicos, porque lo que es la policía parecen Mortadelo y Filemón, los agentes de la TIA que no ven un burro a dos pasos. Por algo les dicen también maderos o, en su defecto, pasmaos . Elemental, Watson. El asunto es intrincado. Parece ser que la dinamita se la vendieron a los moros unos confidentes de la policía asturiana, que se llamaban entre ellos por los teléfonos móviles en cuya memoria viene también el número del inspector jefe de Avilés o lo habían desde una cabina telefónica situada frente a la comisaría. En cuanto al modus transportandi mandaban la goma-2 a Madrid por Alsa para no despertar sospechas, como todo el mundo, lo mismo que la abuela de Leticia debía mandarle a su nieta la fabada antes de matrimoniar, de ahí lo flaca que estaba cuando comía de incógnito. La única vez que rompieron el método y alquilaron una furgoneta le pusieron al comando astur-moro una multa de tráfico en la León-Benavente, lo más probable que a la altura del puticlub de Villalobar, sin que la Guardia Civil de Tráfico detectara nada extraño, por ejemplo, que fueran de parranda juntos moros y cristianos. Será que en la carretera no, pero en el rastro se distinguen perfectamente. Cavilando al estilo Mortadelo y Filemón y ya puestos en la piel de agentes de la TÍA, imagina uno al comisario-dibujante Ibáñez planteándose interrogantes casi shakesperianos sobre el caso, del estilo de «coño, no se de qué hilo tirar ¿Pero habrá alguno de los nuestros que no esté implicado?». Elemental, Watson. Esta semana se ha abierto la comisión de investigación parlamentaria para esclarecer lo ocurrido en Atocha y el Pozo del Tío Raimundo. El Gobierno ya ha dicho, de entrada, que no piensa autorizar la comparecencia de policías ni la del presidente Zapatero, tras lo cual el PP ha puesto el grito en el cielo. Y, hombre, no es para tanto, porque a fin de cuentas son los últimos que se enteran de nada. Por el contrario, quieren que declaren sólo políticos del PP en paro y del PSOE de segunda fila para, tirando del hilo, liar aún más la madeja. Como bien decían los clásicos, si quieres que algo se pudra y quedar tranquilo, crea una comisión. El juez Del Olmo, con buen juicio, les ha negado el acceso al caso y hace bien. Elemental, Watson. Ni que decir tiene que nadie tiene respuesta a tantos interrogantes, menos un chófer de Luarca que lleva la tira de años en Alsa y que, según confidencias nuestras, dijo el otro día en la sidrería: «a la Santina y mí, por lo menos, nos dieron mala espina y, si llegamos a pinchar, la espichamos». De todo lo cual uno saca las siguientes conclusiones: o el ministro del Interior del día de autos, señor Acebes (PP), era tonto y por lo tanto inocente (a saber qué será peor); o ciertos policías se pasaron de listos (todos a la cárcel); o Zapatero y Rubalcaba saben demasiado y no dicen ni mu (al banquillo); o que son justiciables y ajusticiables todos a la vez; o, en fin, que moros y cristianos primos hermanos. Intentando dar respuesta a esta última pregunta cierto amigo nuestro asturiano que hizo la mili en Melilla nos preguntó el otro día a los demás en las bodas de plata de los quintos del 53 lo de «¿Vosotros os lo creeis?». Y, como lo decía en serio, brindamos el resto de la tropa a coro con un «¡Viva el futuro subsecretario del Interior!». Luego nos detuvo la policía, pero el caso está sub júdice , aunque, según nuestro abogado, todavía no se sabe si por escándalo público, por hacer escarnio de una futura autoridad, por las dos cosas a la vez, o por colaboración cachonda con banda armada. El asturiano, en cambio, sigue libre por recomendación del fiscal con el atenuante de gilipollas. Elemental, Watson.