Publicado por
Antonio Núñez
León

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HAY QUE ver con cuánto amor a León se están apuñalando en la UPL. Raro es el día que alguno no saca la navaja y se tira a la yugular del otro, so pretexto de que el pacto con el PSOE es bueno para el Ayuntamiento de la capital y Caja España, según Rodríguez de Francisco -para los amigos Pelines- y la edil Covadonga Soto, o nefasto o ni fu ni fa, según los otros tres concejales Chamorro, Valderas y Gema Cabezas, apoyados estos últimos por el secretario del partido y procurador autonómico sin cartera, señor Otero, y algún que otro ex alcalde apeado de la silla, como el de Villaquilambre, Lázaro Bayón, que aspira a resucitar lo mismo que su tocayo el de la Biblia. Lo de la pasión por León como origen de toda esta algarabía es posible, pero cavilando en cazurro, uno piensa de ellos, modestia aparte y salvando las distancias, lo mismo que el veterano periodista italiano Montanelli cuando le preguntaron si Berlusconi amaba a Italia más que los democristianos o los socialistas. «Naturalmente», respondió el colega ya difunto, «pero se quiere aún más a sí mismo». «Y lo peor», añadió, «es que, encima, se siente correspondido». Lo que pase en la república cisalpina puede que no lo sepa ni el Papa, pero de los Picos de Europa para abajo está claro que hay inflación de berlusconis. Los cargos que ostentan no tienen comparación obviamente con los del presidente italiano, pero se les reconoce enseguida desde pequeños. En medio de tanto amor convendría ir al grano antes de que haya que lamentar en serio un crimen pasional en vez de dos dimisiones y la moción de censura. El panorama está así, ni más ni menos. A saber y dos puntos. Rodríguez de Francisco pactó en su día con el secretario regional del PSOE, Angel Villalba, desbancar al PP del Ayuntamiento leonés y, ya de paso, de Caja España, donde ambos mandan desde entonces un huevo y, si no, que les pregunten por la purga a los altos funcionarios y cargos directivos de ambas instituciones, de secretario y director general para abajo. También al ex alcalde Amilivia, que tenía la lista más votada en las municipales, o al ex presidente de la Caja de Botines, señor Nieto Nafría. Hasta aquí lo normal en política cuando da la vuelta la tortilla. Lo malo es que, como bien dicen los franceses, no se puede hacer tortilla sin romper huevos y en la errática estrategia de pactos de la UPL, partido con vocación de bisagra donde los haya, quedaron también apeados del sillón de gobierno no pocos alcaldes y tenientes de alcalde leonesistas que se sostenían antes con el apoyo del PP. En política, y más cuando se necesitan aliados, decía ya Churchill que se puede engañar a unos pocos todo el tiempo y a muchos durante un tiempo, pero no a todos todo el tiempo. Traducido esto en pequeñín al lleunés significa que no siempre funciona la táctica del cuco, el pájaro astuto y jeta que pone los huevos en casa ajena para que se los incuben y luego se va a cantar a otro nido en plan despiste total. Naturalmente con el tiempo se les ve el plumero. Dijo una vez Pelines en rueda de prensa que el actual alcalde socialista de León, Francisco Fernández, se sentaba en el despacho «por los pelos», en modesta alusión a sí mismo, lo que provocó carcajadas en la sala. Para una vez que hablaba en serio la gente lo tomó a coña. En cuanto al futuro del pacto PSOE-UPL, con al alcalde Fernández levitando en fiestas cual cohete que arde por donde ya se sabe, sólo puede decirse ahora que está cogido, efectivamente, por los pelos. Y el secretario regional del PSOE, que fue el que lo peinó o enredó -las dos cosas vienen a ser lo mismo- va a tener que hacer muchas permanentes. Así a primera vista da la impresión de que al nuevo baranda de la UPL, Joaquín Otero, como está medio calvo va a ser difícil rizarle el rizo en otro pacto. Aunque, visto que también estamos en verano y en vísperas del famoso Consejo de Ministros de Zapatero en León con promesas de grandes inversiones para todos, de momento hace como que se sopla el flequillo. Sin llegar al extremo de algunos, que en este spaguetti-western comparan a Villalba con el conductor del carromato de los muertos despues de la balasera -es difícil negar que guarda cierto parecido, dicho sea con el debido respeto y sentido del humor, negro por supuesto- uno no descarta que con el tiempo y una pala tenga que enterrar tambián a lo Mortimer o Morgan el pacto municipal de León. Gila, con tener más cara de asco, daba, por lo menos, risa y hasta caía simpático en trances como estos. Pero vas con estos chistes ahora a la alcaldía y, por el contrario, se les ponen a todos los pelos de punta. No hay sentido del humor, Rascayú.

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