La Iglesia ha desembolsado 53 millones de dólares para compensar a las víctimas de los abusos
La pederastia lleva a la diócesis de Portland a declarase en bancarrota
Los críticos alegan que con esta decisión sólo intentan evitar cumplir los acuerdos firmados
La Archidiócesis de Portland, en Oregón, noroeste de Estados Unidos, anunció que está en bancarrota, para evitar dos demandas por abuso sexual de sacerdotes que iba a comenzar el martes, lo que la convierte en la primera iglesia católica de EE.UU. en ampararse en la ley de quiebras. En una carta remitida el martes el arzobispo John G. Vlazny indicó que no tenía más opción de recurrir a la ley de quiebras antes de dos juicios contra la Iglesia católica que tenían previsto iniciar el martes. En uno de los casos, la demanda contra la Iglesia de Portland se elevaba a 130 millones de dólares, mientras que la otra pedía 25 millones de dólares en compensación por los daños. «Esto no es una medida para evitar responsabilidad. Es la única manera de asegurarles a otros demandantes que van a tener una justa compensación», escribió Vlazny. «Hemos hecho todos los esfuerzos para alcanzar un acuerdo justo con estas demandas pero cada una se mantiene en solicitar millones de dólares», añadió. «Con 60 casos pendientes, no podemos pagar las compensaciones de estas demandas», subrayó el jerarca. Más de cien demandas La Iglesia y sus aseguradores ya han desembolsado más de 53 millones de dólares para compensar a las víctimas de abuso sexual, que han emitido más de 100 demandas contra la institución religiosa en el Estado. Al ampararse en la ley de quiebras, los juicios contra la empresa o instituciones quedan interrumpidos y se resuelven en posteriores instancias judiciales. El capítulo 11 de la ley de quiebras permite a las corporaciones insolventes continuar con sus operaciones mientras desarrollan un plan para pagar sus deudas. Muchos críticos alegan que con esta decisión la arquidiócesis intenta evitar o al menos postergar acuerdos financieros con las presuntas víctimas. Al mismo tiempo evita que escabrosos detalles sobre los abusos sexuales a niños salgan a la luz, en particular, cuando la mayoría de las veces los altos jerarcas de la Iglesia estaban al tanto de los abusos y se limitaban únicamente a transferir a los sacerdotes acusados del crimen de una parroquia a otra. Los casos involucraban a Maurice Grammond, acusado de haber abusado sexualmente de cincuenta niños.