Megaguati
EN CUEROS y en braguita comparece en una conocida revista nacional de mucha chicha y poco nabo una personajilla de nuestra farándula nacional, aquella de fama ya nublada que ganó ese popular concurso de hermanos grandes que se llevan como hermanos, o sea, a leches. Es Fresita en la portada y en las páginas de carne al aire. Veo la revista en una cafetería y alguien, anónimamente, escribió en los blancos de la hoja este epigrama zumbón: !He aquí aquella doncella del brazo de gitano y la paella, hé aquí la golfa sin quererlo y el querer golfear sin parecerlo, hé aquí a Fresita que destella enseñando entre piernas una mella. Es ella; la de domingos, paella; la paella nacional con su ensalada mental; una fresa en gelatina, una pardilla total ascendida al pedestal de la piadosa latina que oculta bajo delantal un chirri que será mina!... Cambio aterrado de prensa y tomo el periódico del día. Reparo en un titular de internacional: «El marido y la hija de Megawati (dígase megaguati, como del paraguati) son corruptos». La cosa en sí de la corrupción ya no es noticia, sino estado general en este ancho mundo en el que los dólares tienen patas, pero siempre corren hacia los mismos. La presidenta indonesia resulta llamarse así, Megawati Sukarnoputri, apellido que aún parece sonar peor o revelador si le quitan la última erre. Quien les acusa es el anterior presidente musulmán de aquella región asiática que reburdia en fundamentalismo islámico y bronca con bomba, de nombre Abderramán Wahid para que no queden dudas, nombre conquistador y califal, tipo que también untó lo suyo y debe padecer nostalgia de cazo y cacetada de cuando cobraba comisones por aviones de guerra y suministros militares (su ministro del Ejército era, efectivamente, suministro). Me quedo con lo de Megawati. Es buen nombre para el triunfo político. Cópiese por aquí el prefijo y reinvéntese cartel electoral: Megaherrera, Megazetapé, Megarraquetas o Megaotero, que ya tiene concejala a la que llamar Sukarnoputi o cosas peores... Otra cosa es Megaznar en su cuartel de invierno, que es la Faes, santuario del poder perdido, una voz para el desierto que crece entre él y su delfín Rajoy. Aznar volverá; no puede esconder sus ganas y su doctrina, como si se lo estuviera pidiendo o respaldando su amigo Jorge Bush; ay, madre....