Diario de León
Pedro García Trapiello

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ES DOMINGO, santo día, toca homilía. Sentarse todos. Con roquete de sacristán revirado se ha dispuesto Pedro Grullo a subir de ocupa al púlpito y dejarse de retóricas, así que se lleva con él al minarete de los sermones una hogaza y un jarro. Se ve que el tipo está dispuesto a repetir sus ardores homiléticos hasta que se les caiga el párpado a los santos de palo y estuco, hasta que le quede la cosa bien clara a todos los muros y bóvedas, que son los únicos que escuchan. Hablará el señor Grullo a las paredes. El silencio ronca. Ha carraspeado dos veces. Eso es que quiere comenzar y le echa tono. Queridos hermanos... y hermanas... (un eco hueco típico de iglesiona de piedra engordó la voz hojalatosa de nuestro doctor en perogrulladas). Prosiguió: Sartre comunicó oficialmente un día que Dios había muerto. Gran descubrimiento, gran noticia. Muchos le creyeron, incluso de muy buena fe («cuando uno deja de creer en Dios, está dispuesto a creer en cualquier cosa»). Así cruzamos el Rubicón con gran tropa de filósofos y científicos y, diosmuerto-diospuesto, encontramos en la otra orilla a la única Diosa cierta, la Naturaleza, que además de diosa imponente y tonante, sabemos que es nuestra madre... y su divinidad se palpa. Por principio, a una madre se la respeta, especialmente si es tan severa y saca la porra. Por eso los chinos grabaron hace siete mil años en piedra la ley del «jamás construyas sobre las venas del Dragón». Ante la furia del río en sus crecidas y tragedias aprendió el hombre que esas venas son intocables. La Tierra es dragón que escupe fuego por volcanes y en su pellejo de mar y costra dura obran maravillas millones de vidas distintas y gozos mil y la muerte como norma. De no haber aparecido el agua, nada de toda esa vida existiría. El agua es el dios, ¿entendido? No hay otra vida fuera del agua. Dios es el agua. Y ya que no la besas, imbécil ignorante y acaparador, al menos no la mees, porque si el agua es sagrada, nos estamos cagando en Dios. Y si persistes en tus robos y vertidos, si sigues emponzoñándola y cagándote en este dios, me cagaré yo en tu puta madre por no haberte ahogado en la presa cuando naciste (al señor Grullo se le disculpan estas vehemencias; el agua es el único dios que le queda ya, el único, salvo que venga Sartre a resucitarle otro).

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