Diario de León
Pedro García Trapiello

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EL BIEN RECIBIDO ejército francés que colocó a Pepe Botella en el trono de Madrid acabó sacando de quicio a la población iraquí de Móstoles, la mezquita municipal ibérica cuyo alcalde imán tiró de bando y levantó en armas a la parroquia contra el invasor. Desde ese momento Bush-Bonaparte comenzó a darse por jodido. Las dos Españas iraquíes (afrancesados sunníes y ultramontanos chiíes) aplazaron su bronca histórica unos años (ya vendrán siglos para seguir con la bronca civil). Había entrado en escena un tercer enemigo inaguantablemente más chulo y expoliador. A por él. Vale todo contra tanta tecnología militar. Inventemos la guerrilla y el sabotaje. Allá va Viriato en furias y en jarras. El cuartel de la tropa ocupante ha declarado terroristas a Daoiz y Velarde, al general Granados, al imán Moqtada y al Empecinado. Bailén es Diwaniya. Agustina de Aragón se puso un cinturón de dinamita y se ha reventado en la cafetería de un hotel para oficiales en Bagdad. Una tropa de Goyas de brocha torpe pinta al fresco en los muros de la capital iraquí los fusilamientos del dos del mayo, del quince de junio, de todos los días y las torturas viles de las cárceles, pintan los desastres de la guerra y los espantos, propaganda, pasquín, patriotismo de pintada. Fuera el invasor. Franceses fuera. Bonaparte, borracho. Bush, que te follen. Un iraquí de bigotón y gafita escribe entre tanto los Episodios Nacionales de Tikrit y de todas las Zaragozas de allí; se llama Galdós Ibn Ahmed y aún no es muy conocido. Los iraquíes lo leerán desde Algeciras a Donosti con pasión de patria ensangrentada y ardor de revancha y honor. Anteayer, los astorganos de Nayaf, bajo las órdenes de Santocildes, resistieron un asedio apabullante del ejército americano del general Junot. El propio Napoleón está dispuesto a tomar el mando y vendrá para hacerse una foto comiendo pavo de acción de gracias con la soldadesca. Trescientos defensores de la heroica y leal ciudad maragata murieron en un solo día, anteayer. En trescientas casas hubo un féretro y en cada una de ellas una familia conjurada, un pueblo asesinado prometiéndose justicias e infiernos. Trescientos velorios juran venganza. Que se metan los franceses su fraternité por el culo. Todas las guerras son de «independencia». Y esta de Irak me suena.

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