Diario de León
Pedro García Trapiello

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NO CEJÓ la marejada por andar estos artículos navegando en aguas internacionales de la bragueta y el manubrio. Otra vez se produjo una carga de la caballería ligera montada en el burro pesado del dogma y la pudibundez hipócrita. Señor García, usted es un cerdo y un insulto, me comentó un conocido de vista y de distancia que tiene un cierto aire de meapilas y chupacirios. Necia polémica. Y necio yo, que entro al trapo, aunque en esta ocasión con un «aquí murió el Tío los Nabos» y un Sanseacabó al que le pongo una vela, o sea, un cirio, que también así llaman al ciruelo, minga, zupo, pijo o pija, chorra, nabo, trabuco, pinganillo, flauta, cilindrín, chufla, cuca, aparato, ramonín, cipote, picha, falo, espada, tranca, mango, tronquito, rabo, rulo, troncho, polla, palo, cuerno de Adán, bastón de Venus, brazo de gitano (si tuviera crema), vara, baqueta, mástil, palanca (la de Arquímedes movía el mundo; y la de Berlusconi Italia), instrumento, choricillo, manivela... y en fisiología aséptica, pene (ay, fía -dijo aquella asturiana del cuento- non sé yo por qué empéñanse en llamarles penes, con les alegríes que dan). Sanseacabó el asunto, ya valió. Lamento tanta ofensa, porque mi censor añadió a su embate una descalificación por haberme metido groseramente en sagrado sacando a relucir lo que retablos y sillerías, frescos y alegorías llevan siglos enseñando, vergüenzas al aire representadas con toda crudeza al amparo de servir como extravagancias moralizantes y catequéticas. Le recuerdo a mi ofendido censor que ninguna religión se escapa de referencias y reverencias al Árbol de la Vida, cuando no a su culto, como hacen los japoneses (y japonesas) al enorme falo de madera pulida que es objeto de oraciones y sobeos litúrgicos en sus templos y turiferios taoístas; por no hablar de los templos hindúes, dioses polinesios, divinidades animistas del África devota. Nadie en estas órbitas religiosas y teologías exóticas se escadaliza de esos alardes y exhibiciones de rabos y nabos cuando están ante sus dotados santos en sus misas. Para ellos es falso lo que aquí se tiene por cierto, «picha tiesa no cree en Dios». Quizá no tengan la mente tan podrida y secretamente rijosa como el puritanismo occidental, que dos minutos después de comerse a Dios por las patas se come a las putas por donde caiga.

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