CRÉMER CONTRA CRÉMER
Atención a los emigrantes
NO SE CONFUNDA usted, señor: Cuando digo «atención a los emigrantes» no sugiero ni remotamente que hayamos de tener mucho cuidado con estos recién incorporados al censo laboral, político y religioso por si en ellos pudiera acomodarse el virus de la turbulencia social. No. Los emigrantes que, con muchos esfuerzos, sacrificios y riesgos, consiguen poner el pie desnudo en alguna de nuestras costas, son, por lo general, seres humanos, perdidos en este enormísimo mar de confusiones que es Europa. Los emigrantes acceden, o lo intentan al menos, a nuestra Patria, porque el hambre es mala consejera, y en sus países, asolados por las guerras y por las satrapías de muchos de sus caudillos voraces, no encuentran ni la más remota posibilidad de conseguir remedio a sus muchos males. El que se ha visto en el doloroso trance de tener que emigrar lo sabe. España, los españoles fueron, y continúan siendo, carne de emigración y las Américas hispánicas se poblaron, con todos sus defectos y virtudes, de españoles a la deriva. Ahora mismo, se preparan cerca de cien mil españoles para acudir a las tareas de la vendimia en Francia. El nuevo Curso político nos depara infinitos motivos de preocupación, precisamente fundamentados en la emigración y sus efectos. Nuestro censo de extraños, legal o ilegalmente, incorporados a nuestros censos de trabajo, es ya de tal densidad que se previene que en no menos de cinco años más de invasión de desesperados del hambre, llegarán a cubrir un espacio importantísimo de nuestro cuerpo nacional. Seremos, ya dentro de nuestra diversidad regional, mozárabes, judíos, cabo-verdianos o saharianos. Y nuestra formación y la de nuestros hijos, se tendrá que entender con todas aquellas culturas que el arrastre emigratorio nos depare. La Delegación del Gobierno en Castilla y León para el nuevo Curso político, avisa a la población más o menos estable sobre los riesgos en que puede caer la sociedad española, así que se desarrolle el flujo de inmigrantes llamados por la necesidad. El Delegado de Gobierno para León y sus islas advierte sobre las dificultades inherentes a nuestra condición de potenciales acogedores de inmigrantes y solicita la atención debida para este fenómeno de nuestro tiempo en el cual estamos implicados, tanto por nuestra situación geográfica como por nuestra tradición de seres a la deriva. Con esto de los inmigrantes y su problemática nos sucede un fenómeno significativo: «Obsérvese que todo el mundo parece autorizado para tratar, para analizar, para exaltar o condenar la emigración y sus consecuencias, pero nadie ha sido capaz de encontrar una solución equitativa, generosa, democrática y cristiana, que ayude eficazmente a erradicar tan dolorosa miseria universal. El Delegado del Gobierno en Castilla y León, Miguel Alejo, en la reunión promovida de todos los subdelegados del Gobierno en la provincia fue claro y preciso: La mejora de la seguridad, la atención a los emigrantes y la colaboración con otras etnias pueden ser el punto de partida para alcanzar el entendimiento necesario para una colaboración positiva. Para lo cual, oiga, pues tan necesario es que la Delegación ponga de su parte cuantas posibilidades le conceda la ley otra que los tales y los cuales emigrantes se salten la ley a la torera. ¡Y eso tampoco!