Diario de León

Los expertos cifran su población en unas 160 parejas distribuidas en cinco comunidades

El águila imperial ibérica inicia lentamente el proceso de recuperación

Un proyecto del CSIC ha logrado reducir la mortalidad de los pollos a cerca de la mitad

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José Fernández - león
León

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El Águila imperial ibérica, una de las rapaces más raras del mundo, es un endemismo peninsular y, desgraciadamente, la más amenazada de nuestras águilas. La persecución por parte del hombre y la destrucción de sus hábitats provocaron la desaparición de gran parte de su población hasta colocar a la especie, en la década de 1960, al borde de la extinción. Además del aumento en el uso de cebos envenenados (69 cadáveres recuperados en la última década), la escasez de conejos y las colisiones con los tendidos eléctricos, el mayor peligro al que se enfrenta es su compacta estructura genética, debido a la endogamia por la dispersión de su población. Se calcula que existen actualmente unas 160 parejas reproductoras repartidas entre las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha (46), Andalucía (42), Extremadura (38) y Madrid (24). En Castilla y León su distribución se limita a las Sierras de Gredos (Ávila) y Guadarrama (Segovia), donde se han censado 18 parejas. Sin embargo, la recuperación de la especie empieza a dar sus primeros frutos. Así, según los resultados de un proyecto de recuperación iniciado el año 2002 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se ha logrado reducir a casi la mitad la mortalidad de estas aves durante el primer año de vida (el más crítico de su existencia). Crianza campestre La iniciativa del CSIC tiene como objetivo evitar la alta mortandad de los pollos, establecer conexiones entre las distintas poblaciones y crear nuevas colonias. Se trata de una técnica de reintroducción conocida como «crianza campestre» que facilita que estas rapaces reconozcan como suya la zona donde aprenden a volar y a la que vuelven para aparearse y criar. Para ello, los biólogos ubican en nidos artificiales ejemplares que aún no son capaces de volar procedentes de nidos localizados en Sierra Morena. Durante su estancia en estas «torres de liberación», situadas a seis metros de altura, son alimentados por la noche con un suplemento que sustituye al aporte que les proporcionarían sus padres. Además, se instalan mallas que les protegen de las caídas y de sus depredadores naturales, se colocan en los alrededores nidos artificiales con reproducciones de águilas adultas, para que aprendan a reconocer a sus semejantes, y se les incorpora un emisor para vigilar sus movimientos. De esta forma, se ha conseguido reducir del 60 al 37% la mortalidad de la especie y se observan pautas de comportamiento similares a las de sus congéneres que no han sido desplazados de su nido original. Desde el año 2002 se han liberado 17 ejemplares y los biólogos se muestran optimistas y esperan que críen en la zona en los próximos cuatro o cinco años.

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