A LA ÚLTIMA
El corazón
UN FLAMANTE gobierno de España nos acaba de poner ante los ojos el corazón de Europa, que es una víscera muy comentada cuya ubicación es objeto de baile en los folletos de turismo, que cada vez le achacan coordenadas diferentes. Corazón de Europa han sido Praga, donde se estrenó el Don Giovanni de Mozart, y Berlín, escenario de fastuosas marchas militares, y París, con sus revoluciones y sus ríos de champaña, y cualquier ciudad grande o semigrande donde la lluvia haya producido alguna vez una idea feliz o un poema triste, con la excepción tal vez de Londres, tan insular antes del advenimiento de David Beckham. Auspiciados por un equipo de geómetras franceses, los lituanos han descubierto poco ha que el corazón de Europa late exactamente a veinticinco kilómetros de Vilnius, punto que han solemnizado levantándole encima un parque temático. Anteayer el corazón de Europa, quizás esta vez era el genuino, se dejó retratar en los jardines de la Moncloa. La víscera había sido transportada a Madrid por dos zorros viejos, necesitados de renovar caja. Uno, que vive probablemente sus últimas horas, debe sortear cada semana una cola de acreedores que salen a las calles de Frankfurt y de Leipzig a reclamar. El otro adivina con certeza los gustos que moverán al público. Si incluyó a Madrid en su gira, es que la operación es rentable. El anfitrión, un ambicioso empresario local que se abre paso rápidamente, encomió el estado del músculo circulatorio como si éste hubiera emergido de un refistoleo de válvulas o fuera un honorable repuesto: «El viejo corazón de Europa está como nuevo» -dijo, sacándole brillo intensamente-. Luego el corazón hizo sístole y diástole en un telediario promocional cuyo presentador se puso hasta el cuello de elogiarlo. Pero, aparte de la demostración de servilismo y cursilería, el telediario sirvió también para recordar que, en estos mismos jardines, el anterior empresario de la casa había limpiado el suelo, prácticamente con la lengua, para que un tahur americano sin escrúpulos alardeara de sus vísceras más sucias en una comparecencia internacional cuya culminación fueron los crímenes de Irak. El empresario anterior, que además era chapuzas y de una mala bilis notoria, se arruinó merecidamente.