Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Nos roban mucho, señor alcalde

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VICTORIANO CRÉMER
León

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DEJEMOS, SIQUIERA por un momento, que los carreristas en ciclomotor recorran el cinturón de la España nuestra y que los niños, con sus cartapacios a cuestas y sus listas de los Reyes Godos, comiencen el curso y que los Dioses del olimpo y los del Corán, les libren de sacudidas tan viles, tan cobardes y tan dolorosas como las que los bárbaros de los bordes geográficos de la Santa Rusia impusieron a bombazos a los niños de la Escuela de Beslán... Si, olvidémonos de una vez de los trenes hispanos cargaos de trabajadores y en la mira de las armas de los miserables asesinos la muerte de niños. Vamos a ver si de una vez digo y para siempre, nos olvidamos de que le mundo que habitamos es un antro feroz, en el cual pululan como ratas de alcantarilla, centenares de malhechores y salteadores de bienes ajenos. Porque de no esclarecer la situación y conseguir averiguar de qué van los bandidos urbanos, llegará un momento en el cual, los señores del comercio, de la industria y de la navegación, no van a abrir sus puertas, temerosos de que si lo hacen, si de acuerdo con su vocación y su necesidad se deciden a levantar las trapas para que las señoras de su casa acudan a hacer sus compras y las de sus esposos, hijos y novios, acabarán con los atracos puestos, con las tiendas, con las cajas fuertes y las menos fuertes, violentados por esa turba misteriosa, llegada de no se sabe dónde o si se sabe se omite, que no parece sino que cayeron sobre la España mercantil y comercial, como un vendaval de rayos... En vista de lo cual, los orfebres, los joyeros, de raíz tan profunda en la vida artística de León y tan celebrada su obra y su función en los anales históricos legionenses, con figuras tan destacadas como los hermanos Arfe, pues digo, quiero decir de una vez, que los profesionales de la Joyería, hartos de que asalten, les maltratasen y les arrebaten lo que es suyo, se han presentado ante la representación genuina del municipio, encargado de velar por el acomodo, la tranquilidad y las buenas costumbres de los leoneses, para explicarle al señor Alcalde, Don Francisco Fernández: «Señor Alcalde. Aquí no hay quien viva. El gremio al que pertenecemos está atravesando momentos no ya difíciles, sino imposibles, estando como estamos sometidos a la acción depredadora de infinitas mafias, llegadas en muchos casos del extranjero». Y los míseros e infelices señores de la joyería, denuncian que en el presente año, que todos anunciaban como el más próspero y feliz de la historia se habían perpetrado en León, o sea en esta misma ciudad de su digno mandato, dos robos gordos y un atraco de órdago a la grande. Y como se disponen los denunciantes a montar la sexta edición de la Muestra General de Joyería acuden ante su señoría para que les eche una mano. O si se tercia y el tiempo no lo impide, impedir que los tales mafiosos, sean cogidos con las manos en las joyas y colocados cuidadosamente en alguna de las celdas disponibles en la cárcel de Mansilla de las Mulas, que se supone que para eso está. Y es que esto que ocurre con las joyerías sucede con mayor frecuencia, en establecimientos de menos prosapia, pero, a lo que se compruebe, de más fácil asalto. Por todo lo cual, nada menos que la Federación de Castilla, León, Santas Martas y Ponferrada se dirigen a vuestra señoría para, repito, que eche una mano al comercio de la Villa, que no está precisamente para desprecios.

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