CRÉMER CONTRA CRÉMER
León sin coches
ES COMO si dijéramos: «Gibraltar sin monos». Algo difícil, por no decir que imposible. Pero como León es una ciudad cumplidora de sus obligaciones como miembro selecto de la Unión Europea, así que esta decretó «El día sin coche», para todas las comunidades, sean estas españolas o catalanas , León, como un solo hombre y como un solo coche, se dispuso a cumplir con su deber. Dejaríamos el coche en casa por una sola vez al año y nos echaríamos a la calle, dispuestos a demostrar nuestra disciplina y nuestra disposición para desterrar de nuestro ámbito algo tan perturbador como el coche. Y no es que nosotros digamos que se destierre el coche en los usos y consumos del hombre civilizado y de la mujer tan civilizada o más que el hombre. No. Es que o sobran coches o falta ciudad. León se nos ha quedado pequeño y está llegando el tremendo momento en el cual nos veamos obligados a elegir entre vivir como Dios manda o dedicarnos al coche. Según las últimas estadísticas de producción, de las fábricas americanas, francesas, alemanas y checoslovacas salen todos los ejercicios, más de cinco millones de coches para uso de funcionarios medios y puede ser que otros tantos para medio funcionarios. Y como la población aumenta con la aportación sentimental de subsaharianos, ecuatorianos, tanzanos y nigerianos, lo que no queda es espacio y el poco que aparece lo usa el Ayuntamiento para nivelar los presupuestos, vendiéndolo al mejor postor, que suele ser la Señora Caja de Ahorros, con bisonte incorporado. León, dicen los teóricos con academia puesta, requiere para el debido desarrollo de su vivir y de su morir, miles de metros a fin de permitir a los emperadores del ladrillo la construcción de viviendas para los jóvenes que están dispuestos a casarse y a divorciarse inmediatamente. Para lo cual hemos de procurar que no falte lugar para nuestros coches, para nuestros perros, y para nuestros inmigrantes. De lo contrario, o sea de no poder disponer de territorio para el normal desenvolvimiento del ser humano, nos veremos obligados a cerrar todas las puertas y a situar, acomodar e intervenir aceras, plazas, calles y callejas para colocar el coche, que es la madre de todas las guerras urbanas. Si a ello se agrega que León, según me aseguran, tiene fama de ser la ciudad de Europa en donde los conductores resultan más anárquicos, torpes o agresivos, tendremos claramente dibujado el mapa de la imposibilidad leonesa para que pueda disponer de libertad democrática a la hora de moverse. Se celebró el Día sin coche, naturalmente con los caminos de la Ciudad abarrotados de coches, salvo la llamada Calle Ancha, que estará en obras, se supone. En mi condición gratuita de técnico en tránsito urbano, a pie, en coche o a caballo, me permitirá sugerir que el procedimiento real para la ordenación civilizada del tránsito urbano podría ser: prohibir que rodaran por el territorio los coches cuya matrícula terminara en número impar en los días también nones, permitiendo que los que contaran con el número par, solamente podrían rodar, rodar y rodar, en días pares. Pero, claro, me doy cuenta: Son más los intereses que se oponen a una ordenación civilizada, que los que aspiran y necesitan una cuidad abierta para que sus habitantes se puedan sentir cohesionados.