Diario de León
Pedro García Trapiello

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NO TODO el mundo sabe mirar a la muerte a la cara y coserle con los ojos la boca para que no hable. Aceptaste muerte como animal de compañía y le ganaste todas las partidas que te fue sirviendo hasta que la hebra se rindió y te dormiste. La muerte ha confesado su derrota y asegura que también ganaste esa última partida, Pilaríviris, y aún vives, te nombramos, te sentimos. Aquella vez en la cueva de Las Grajas también estaba la muerte agazapada en un sifón o en una barranca oscura y reptabas riéndote de ella con los demás de aquella fraternidad espeleológica. O subías por peñas y quebrantadas dándole mordiscos al vértigo, averiguabas, te tentabas, leías, aprendías, caminabas, veías y vivías, que a eso viene uno a este mundo, a vivir cada pálpito; y a no aplazarse. La vida se mide en latidos y ahí nos ganarás siempre. La vida se descorcha, se decanta, después se paladea y, finalmente, se la traga con la cara de los buenos momentos, mal que venga y pese. En este arte te doctoraste. Y ahora quizá te hayas ido tú, pero tu lección es gramática para todos. Y más que nada, este estilo tuyo de trastear las embestidas de la muerte, muletazos de bureo que le dabas con tus mejores galas y una sonrisa que la despistaba y confundía hasta enfurecerla. Fue entonces cuando rompió toda regla de juego y de decencia y te entró a robar mientras dormías. Sólo así. Querida Max, Pilar, Marili, ojos de chispa, pelo al viento, libertad en la boca, citando a los días en los mismos medios de su drama, cara guapa... querida Pilaríviris, ahora que la paz ya te sueña suya, a nosotros el vacío se nos pega al costado por no tenerte cerca. No te importunaré en el mar de tranquilidad que has conquistado. Vuelas ya sobre todas las dudas que dibujabas para buscar senda buena, sobre tantas mentiras como seguimos pisando. No tragaste la patraña. En esa soledad de quien sabe ver más allá de las cosas celebraste y cultivaste la amistad. Por eso sigues viva aquí, porque queremos que tu muerte sólo haya sido una falsa noticia, sólo estos pañuelos al aire que son las letras que te dedicamos tantos como te queremos. Por aquí no pasa tu muerte. Estas líneas son sólo un quiebro para mandarla a toriles. Nos vemos. Cítame en los montes de Espejos de la Reina o de Llánaves para recoger las plantas de curar que te enseñó tu abuela. Y la vida, tu gramática.

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