Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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EL PLAN Ibarretxe es el camino de retorno hacia la caverna. Hacia una sociedad étnica y clerical, insolidaria y pequeña, clientelar y cautiva, con dos categorías de ciudadanos: los nacionalistas y los parias. El plan Ibarretxe es el colofón de una larga deslealtad constitucional y el primer ataque frontal desde la guerra civil para disgregar un viejo estado europeo, con más de 500 años de antigüedad ininterrumpida. El plan Ibarretxe es la ruptura de una costumbre que ya dura más de 700 años: la pertenencia de los vascos a la corona de Castilla y, luego, a la de España. Se trata, sin duda, de un suceso de incalculables consecuencias, todas dolorosas imagino, algunas violentas presumo, y lo que más me sorprende es la indiferencia de muchas personas ante este acontecimiento. Como si esas personas ignoraran que la soberanía reside en el conjunto de los ciudadanos y que no es parcelable por comunidades autónomas o por ayuntamientos. Porque si ello fuera posible (la Constitución va en sentido contrario) nada obstaría a que cualquier municipio rico de España se declarara independiente para constituirse como paraíso fiscal o como guarida de estafadores impunes. La aprobación del plan secesionista es un suceso que ha sorprendido a muchas almas cándidas, incluso a famosos observadores políticos, pero yo creo que la inmensa mayoría de los españoles estábamos convencidos de que ese acuerdo se iba a producir. Porque siempre es más lúcido el pueblo que sus intérpretes. Si el objetivo es la liquidación de la España unida y democrática (esa liquidación que también pretenden los socios del PSOE en el gobierno catalán), ¿cómo iba la ETA a desaprovechar semejante posibilidad? El plan Ibarretxe ha sido aprobado gracias a los votos de una formación legalizada y vinculada a una banda de asesinos. Es un plan hijo de la muerte y de la barbarie política, religiosa, social y docente que asola a una comunidad rica de Europa que goza de la mayor autonomía de cualquier región continental. Pero no sólo los asesinos van de la mano del PNV y de EA (como ya hicieron en el Pacto de Lizarra), sino que también les acompaña Izquierda Unida. ETA y el PCE están unidos en este desafío, aunque no le guste tal cercanía al señor Llamazares. Se trata de un asunto tan grave que este patético político, fullero urdidor de maniobras electorales orgánicas, debería presentar su dimisión inmediatamente. ¿Qué hará Zapatero ahora? ¿Dialogar? No puede. La Constitución no le da ni un milímetro de espacio para transaccionar nada del plan Ibarretxe. No hay margen. La Constitución defiende la unidad de España y establece nítidamente los mecanismos que garantizan dicha unidad, que la inmensa mayoría de los españoles consideran como algo intocable, como por otra parte es obvio y legítimo en cualquier estado serio que se precie. ¿Alguien cree que no se cumplirá la Constitución en España, por mucho que Zapatero quiera dialogar y diga incluso, errática concesión, que el concepto de nación es revisable? Lo será en tu cerebro, querido líder, pero la Constitución dice claramente que España es una nación. Una nación, no muchas. Y para cambiar eso tienen que pronunciarse los treinta millones de españoles que cuentan con derecho a voto. Inexorablemente. No es posible negociarlo en el Congreso. No basta. Tampoco basta el talante, y yo creo que incluso estorba cuando nos jugamos nuestra historia. Mal empieza el 2005. Con un gobierno débil que cede a todo lo que le piden sus socios de Cataluña, incluso en detrimento de otras regiones (fatal imprudencia) y que tiene que hacer frente al mayor desafío anticonstitucional que vivió España desde el 23-F. Entonces el Rey y los ciudadanos abortaron el enorme delito. Ahora estamos en las mismas: lo que no arreglen sus políticos, lo resolverá el pueblo y la ley.

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