EL AULLIDO
Javier Chamorro
LA VOZ de Javier Chamorro -Onda Cero León- tiene algo de abrazo y otro tanto de amonestación como si tratara ecuánimemente de hacernos saber que la radio es nuestra aceptada experiencia del más allá. Oh, tipo elocuente con vocación de recitador de romances, nos habla a veces como el barman de un local que ha cerrado con nosotros dentro, pero en otras ocasiones nos dice, nos cuenta y nos recuenta porque las noticias, eventos y acontecimientos se suceden diariamente como eslabones en una cadena para que los locutores se queden sin saliva y nosotros sin ideas. ¿Transmitir no es despertar? De todos los medios de comunicación acaso sea la radio, porque prescinde de la imagen, la que más aviva la imaginación. La radio desentraña y acompaña, forma e informa al tiempo que nos hace saber que existe algo más que lo tangible. Por eso voces cómplices como la de este prestidigitador verbal acaso tienen algo de magia verdadera, de novela fantástica, de épica posible ya que actualmente cómo nos cuentan las cosas empieza a importar tanto como que nos las cuenten. ¿Del transmisor no depende la verdad? En esta era de la superficialidad y la exterioridad aún tenemos la radio, con sus voces de clara de huevo y whisky, para enseñarnos sin decirlo que son quienes no tienen nada dentro los que caen en la esclavitud de la moda, el culto al cuerpo, los noticieros tergiversadores y los reality shows. La radio nos hace saber que no es cierto que una imagen valga más que mil palabras salvo para las mentes menos perspicaces o más cómodas. Y es que la palabra nombra, define, identifica, profundiza y es exacta pero la imagen, más global, otorga solo un sucedáneo de verdad que consuela a quienes realmente no buscan la verdad ni la valoran sino que les basta con la apariencia. Dentro de los locutores con que cuenta actualmente la radiofonía leonesa destaca Javier Chamorro por su palpitante cercanía que no descuída la preparación, ni cae en el partidismo, ni hace concesiones que bajen el nivel. Pero sea esta columna un homenaje no a él sino a todos ellos, los locutores leoneses como caballeros andaltes armados de palabras en busca de la popularidad. Hay una historia no escrita de la radio leonesa en la que brillan voces clásicas, góticas, ambigüas, cómicas, etílicas... Es la historia, sí, de la conciencia colectiva de León, de sus hitos y sus pequeñas cosas, de sus gentes y sus héroes. Tiene la radio el calor amigo de quien nos acompaña al tiempo que nos espolea la mente y, de algún modo, el cuerpo. Pero, como todas las buenas historias, la de la radio no tiene fin sino que prosigue al paso de la ciudad, a nuestro paso, tratando de renovarse al tiempo que nos renueva. Por eso, aunque se dice que la voz no envejece sino que madura, la radio leonesa ha necesitado también mirar al futuro y hacer, así, acopio de «jóvenes aunque sobradamente preparados» como decía el anuncio. Valga esta columna como un sentido homenaje a los profesionales de la radio leonesa por su contribución diaria al fortalecimiento de nuestra información, de nuestra identidad y de nuestra imaginación, y entre los cuales Javier Chamorro bien puede entenderse como una metáfora. Gracias por enseñarnos testimonialmente que la palabra es la distancia más corta entre dos corazones.