CRÉMER CONTRA CRÉMER

El Instituto castellano y leonés de la lengua

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VICTORIANO CRÉMER
León

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ME CONSTA PERSONALMENTE que para que en este trozo o cacho de la España autonómica llegara a adquirir carta de naturaleza entre la hueste política, los indicadores sudaron sangre. Porque ni en Castilla ni en León parecían interesarse por la iniciativa de afiliarse, de solidarizarse, de incorporarse positivamente a las tareas que la tal inversión cultural se había propuesto. En Castilla y León las cosas de la cultura, (de la cultura de verdad, no de las culturas «adscritas») tienen poca audiencia y menos asistencia. Así que cuando un hombre de letras de la calidad humana e intelectual de Gonzalo Santonja, propuso la creación de un Instituto que representara a Castilla y a León en el mapa cultural de España, se aceptó la iniciativa con sorpresa y siempre con la retranca propia de los leoneses para todo aquello que intente comprometerles en empresas de alto bordo. Somos, acaso por naturaleza, gentes, buenas gentes, pero de tierra seca y de vuelo bajo. Y así que la idea de incorporarse, al Instituto de la Lengua, alcanzó tierras propicias o que al menos lo parecía, accedieron sus representantes a suscribir su compromiso con la institución, mediante la correspondiente cuota para la obstentación de todos los derechos derivados. ¿Cuáles podrían ser estos derechos? Los derechos de la cultura nunca cabe reducirlos a una especialidad, dada la variedad de su mensaje. Y así León y San Andrés del Rabanedo, que son las dos ciudades más responsables o que por tal se tienen de la comunidad estrictamente leonesa, cubrieron la inscripción y se juramentaron para abonar las cuotas. Parece ser que a la hora presente todavía no se ha cumplido el compromiso económico, o si se ha hecho lo ha sido con reparos y al mismo tiempo que los unos y los otros, a través de unos representantes, no culturales, de León y de San Andrés se han apresurado a declarar que conviene segregar o separar o darse de baja del dicho Instituto, dado que según los portavoces de la Unión del Pueblo y del Partido Socialista entienden que no cubre la Institución las expectativas que había despertado. El alcalde de la capital del viejo reino, señor Amilivia, sin duda dándose cuenta que la medida de renuncia a figurar en el patronato del Instituto era una desvergonzada confesión de analfabetismo y que los señores de los partidos políticos no tenían derecho a cometer tal injuria, defendió la permanencia del Consistorio leonés en el patronato del Instituto, aunque ello imponga una anotación en los presupuestos análoga a la que supone el mantenimiento de inútiles palacios o de estrepitosas formaciones deportivas de ineficacia manifiesta. Y a nadie se le ocurre sospechar que esta iniciativa conlleve compromisos políticos, como denuncian los portavoces. A los leoneses la decisión de partidos eminentemente cultos declarándose punto menos que incompatibles con el sostenimiento del Instituto Castellano y Leonés de de la Lengua, unas veces por cicatería económica inexplicable, cuando tantísimos millones se están gastando en frivolismos, les ha producido una gran tristeza. ¿Será pues justa la aplicación a León de la copla andaluza? «León, León, ciudad bravía Que entre antiguas y modernas Tiene cuatro mil tabernas Y una sola librería...?»

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