Diario de León

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Pascualín Miss León se vuelve televisiva casi todos los días La biblioteca clausura la muestra dedicada a la mujer en su semana

Dos mujeres analizan uno de los artículos de la muestra

Dos mujeres analizan uno de los artículos de la muestra

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CÉSAR GAVELA Miguel Ángel Zamora - miguelangel.zamora@diariodeleon.es
León

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ME PARECE MUY RARO recordarlo ahora, porque nunca hablé con él, aunque le escuché varias veces, siempre en la tertulia que se organizaba en el almacén de mi padre y de sus hermanos. Me refiero a un señor que se llamó Pascual, y que murió hace algunos años, no sé cuántos. Tampoco sé que edad tenía al fallecer, acaso ya cerca de los ochenta. Para mí siempre fue alguien muy secundario, una presencia brumosa, poco más que una sombra y no sé por qué continúo en la extravagancia de evocarlo. Pero como el recuerdo lleva unos días rondándome, acabé dándole cauce. Porque creo que uno siempre tiene que obedecer cuando escribe. Obedecer a lo extraño, que también es un modo de obedecerse a uno mismo. Y ahora también a Pascual. Le llamaba todo el mundo Pascualín. Era bajo, llevaba unas gafas negras, eso me parece. Lo digo porque no sé si el de las gafas negras era otro, uno que solía ir con él. O acaso llevaban gafas negras los dos, es posible. Uno y otro eran gentes que andaban en la periferia de las charlas del almacén, donde yo nunca llegué a participar porque entonces era niño. Un chaval a quien le gustaba mucho observar aquella rebotica de hombres de pie, medio escondido yo entre los sacos de legumbres, bajo las bacaladas colgadas del techo, en aquel negocio antiguo situado en la confluencia de las avenidas de España y de Valdés, donde hoy lucen las pizzerías. Pascualín había venido a Ponferrada buscando lo mismo que los restantes miembros de la tertulia: hacerse rico. Quizá no tanto: a salir de pobre. Más lógico lo de salir de pobre. Y a estar en una ciudad, a no vivir en una aldea, a no tener que caminar siempre por cuestas, sobre el barro, aislado del mundo y de los trenes, de los cafés y de las mujeres que pasaban por la calle. Pascualín hizo cosas por ahí, cuando llegó, pero yo nunca las supe en concreto. Debió tener alguna tienda, algo así. Lo cierto es que cuando yo le observaba, ya no la tenía. Su único medio de ganarse la vida era una cuba de aceitunas y nunca supe de una empresa más pequeña. Una cuba situada en el ángulo de un local donde mi padre guardaba el coche y donde cada vez había menos productos. Tan pocos ya, que sólo quedaban trastos viejos a lo último, muebles de la casa de mi abuela y muchas cajas vacías. Y la cuba de Pascualín. Su trabajo era sencillo: iba por los bares de la Puebla, tomaba nota de los pedidos, se acercaba hasta el almacén, levantaba la tapa de la cuba, y con un cazo calculaba a ojo los pedidos de aceitunas, que luego colocaba en unos cucuruchos de papel de estraza. Después volvía a los bares, entregaba la mercancía y cobraba. Y esa fue toda su ciencia hasta que un buen día se retiró como empresario. Porque lo era. Empresario y muy digno. De los que jamás tuvieron jefes, un hombre libre. Es muy importante eso: ser un profesional, vivir de la compraventa, no acatar órdenes de otros. Y Pascualín, modestísimamente, así pasó por la vida. Como un prodigio de austeridad. Y también de misterio para mí, ese misterio que siempre entreví de niño en los hombres mayores. Pero Pascualín no sólo tuvo misterios, que también tuvo una esposa con la que se casó de mayor, ahora la recordé. Y también un hijo que murió en el parto, allá por los años sesenta. Un dolor grande que Pascualín soportó con mucha fortaleza. Aún lo recuerdo contando la tragedia, rodeado de latas de conservas vegetales, en el almacén. Lloró un poco el hombre después de aguantar el tipo. Había perdido la ilusión más grande, y ya luego volvió a los bares, a los pedidos, a la cuba de aceitunas, a su honradez, a su casi inexistencia. Y ahora empiezo a saber por qué Pascualín quiso venir a verme. Y me siento bien por asomarlo a los leoneses, donde jamás imaginaría estar nunca el comerciante. Todo a través de un cristal velado. De León a Miss España Noelia Guisuraga considera que haberse pasado media semana apareciendo en Aquí hay tomate tiene su mérito, sobre todo cuando no se le conocen antecedentes en rosa ni famoseos al uso, sino que todo es mérito de belleza propia sin más, pero que llegado este punto, ya es momento de hacer algo más, así que se presenta en la fase final de Miss España, que se celebra el próximo fin de semana en Oropesa del Mar (Castellón). De momento, crucero incluído, la cosa va bien. El único problema es que entre unas historias y otra, la niña se va a tirar fuera de casa un mes. Los primeros apuntes son buenos, y dicen que tiene posibilidades de hacer buenas cosas. Ojalá. Dos ladrones hablan de robos Dos ex ladrones que ya cumplieron condena conducirán un programa que prepara la cadena de televisión rusa NTV y que pretende enseñar a los televidentes a hacer frente de la manera más eficaz a quienes pretendan penetrar en sus domicilios. Los dos ex ladrones, hoy ciudadanos respetados y prósperos, se encargarán del espacio «¡Agarre al ladrón!», durante el cual uno de ellos intentará penetrar en la vivienda de los voluntarios elegidos. Su colega seguirá la «operación» junto con las «víctimas» ante un monitor y la acompañará con comentarios y consejos para proteger la vivienda de la manera más segura. Mette Marie y el strip tease El padre de la princesa noruega Mette-Marit -esposa del príncipe heredero Haakon-, Svem O. Hoeiby, se ha casado por lo civil en La Haya con la ex bailarina de «strip-tease» Renathe Barsgaard, informó ayer la prensa sensacionalista noruega. En enlace entre Hoeiby, de 68 años, y su novia, de 33, tuvo lugar ayer en la Embajada noruega en la capital holandesa, y fue oficiada por el embajador Kaare Bryn, según aseguró él mismo, en presencia de dos amigos de la pareja y personal del cuerpo diplomático. A la boda no asistió la princesa Mette-Marit ni ningún miembro de la familia real noruega, con quien el sexagenario dijo recientemente que mantenía una relación «fría». Se busca pareja Las previsiones que manejaba la organización de la fiesta de solteros que se celebra este fin de semana en Encinasola (Huelva) se han desbordado, hasta el punto de que más de 500 personas se han presentado hoy en el pueblo, cuando la organización esperaba a poco más de 200. María Santos, una de las organizadores de este encuentro, explicó diferentes medios de prensa que el tema se ha escapado de las manos «pero bien, porque además de los autobuses que han venido al pueblo, mucha gente ha acudido con sus propios coches, así que ahora no sabemos dónde los vamos a alojar, pero eso es lo de menos, porque lo importante es que todo va a ser un éxito». A las 13.30 llegó al municipio el autobús que salió de Madrid a las 7.30 de la mañana, con unas 40 mujeres, que se unieron a las 55 que habían llegado poco antes de Huelva capital y a las más de 350 que han llegado en sus propios coches. La Biblioteca Municipal de Astorga cerrará hoy la exposición organizada por la concejalía de Servicios Sociales y varias asociaciones femeninas en el marco de la Semana de la Mujer. La muestra, que puede visitarse esta mañana de 12.00 a 14.00 horas, recoge numerosos objetos realizados por una treintena de mujeres y dos entidades, entre los que figuran trabajos de pintura, labores, ornamentación, o una sección de piezas elaboradas con materiales reciclados. La iniciativa, que se completa con una pequeña biblioteca de lecturas femeninas, pretende poner de relevancia el papel de la mujer en la sociedad actual.

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