Diario de León
Pedro García Trapiello

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TATE AHÍ: El veinticinco por ciento de todos los billetes de quinientos euros emitidos por Europa están en España, este solar. ¿Y eso?... Rubén diría: «Bajé a la cuadra, vi el jato... ¡parió la vaca!». Son para apretar la morterada negra que no se puede blanquear. El maletín está fané; doce millones caben hoy en el bolsillo de la camisa y abultan poco más que una cajetilla de tabaco. Y moraos. Esos billetes son de este color, al parecer, pero tiran algo a fucsia y magenta, colorines de este hoy tan carmín y tan chillón en gustos, artes, modas y mentiras. Le estoy cogiendo cierta tirria al morado, si no es una flor. Es color que sale de mezclar rojos y azules y eso es sopa que repele a algunos, pero a otros les tienta a meter cuchara voraz, así que la relación entre el morado y la cuchara daría para una tesis. Ahí está la sopa boba que se daba en capillas y cofradías a penitentes vestidos de traje talar morado; ahí está el jarro de vino y la bolla preñada con que se obsequiaba al cofrade asistente a oficios. Papaba por la jeró; y de papar viene papón; y si uno papa sin duelo, morado se pone. El que trinca, también. Cuchara, cazo y morados van por la misma senda; las moradas son de nosotros, las cucharas son ajenas, cantaría Cafrune. Pero no es sólo dinero de fraude fiscal o de ladrillo negro el que se refugia en estos billetes. Ahí está también toda la pasta gansa y podre del narcotráfico, la prostitución, piraterías, negocio de armas, fraude mercantil y toda la mierda que procesiona entre nosotros por la acera o por calzada bajo palio. Cuando tengas en las manos uno de esos billetes verás allí diez lágrimas secas de diez pobres putas colombianas que explota una mafia de untar y campar, siete chutes de heroína que manda al foso a otro pinchotarra de barrio, tres gramos de coca para esos tres del consejo de administración, dos minas antipersona que exporta una fábrica nacional de explosivos, un tiro en la rodilla a un boliviano, un poco de grasa marbellí encalada, algo de tresporciento ibérico y la sonrisa blanca y cómplice de todo un país pasmao que está rifando la condición de nuevos ricos entre espabilados, impulsando al resto a gastar todo lo que tengan en intentar parecerlo. Y cantó la Peines una saeta para ná:«Lirios moraos, lirios moraos... paresen tus ojeras... de haber llorao... en silensio la pena... de argún pecao».

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