Diario de León
Pedro García Trapiello

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EL LÁPIZ lo estampa y establece, pero la boca lo enmienda. Se escribe verdad, pero decimos berdaz; ponemos acta, y suena azta... o estruztura, azeder, biento, bacío... Lo de libertaz lo dice mucho Zapatero colocándole al rabo de la sagrada palabra una zeta como una carreta y echándole mucha bóveda a la última sílaba, libertaazzz. En realidad, aunque sin arrastrar tan sonoramente la zapatilla, así lo decimos todos los que no somos catalanes o profesores redichos que acaban diciendo verdat, solidaridat, Madrit y por el estilo, muy refinadamente. Decimos libertaz como se dice Madriz o Valladoliz. Pero es que Jose Luis, en su libertad, exagera esa zeta y se recrea en ella con cierto esparabán de mitin o asamblea embutida, zeta regodeada y alargada que acaba sonando a spray bendito lanzado para perfumar a la concurrencia con el concepto. Es una libertaazzz con cola de cometa, aunque hay pregunta: ¿qué libertad es la que empieza robando sus propias consonantes? Otra cosa es decir conceto, osoleto, proyeto o corruto, que es por donde derrotan viciosamente los hablares de Pepiño Blanco puesto en portavoz, aunque más parece el prefecto de estudios de un colegio de jesuítas en Betanzos cuando se remilga y se remarca, porque Pepiño, más que comunicar, amonesta, apercibe, advierte y saca aztas como tarjetas rojas. También Zapatero abusa de los participios de pie quebrado, tal que así, mandao, anunciao, trabajao... pero ojo, son pose, no vicio ni prosodia coja de malhablao. Es torpeza calculada de mitin provinciano o sindical donde uno será pijo, pero tiene prohibido el parecerlo, así que hay que sembrar estas llanezas del lenguaje para empatar con la concurrencia en patadas al diccionario. Si a Papes, que está sobrado de talla, guapura, verbo con pico y voz de ábside, se le ocurre remilgarse en pronunciaciones, le hubieran endilgado el sambenito de ser nene de piso y no de prao, cosa conveniente si se va a fiesta campesina. Eso de «hemos proyectao» lo dice sabiéndolo y mirando a cámara. En plan presidente, sin embargo, suele «prenunciar», se esmera y adopta lenguaje de estrado o cátedra, aunque el vicio es tanto, que alguna vez se le escapa el mandao, el consensuao o el suflé... Lo que nunca será pose o verbo populista es lo de Pepiño Blanco. Pepiño es así, «proyeto».

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