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PEDRO pirata, pata de palo, ojo de vidrio y cara de malo. Me cantaron de guaje hasta aburrirme esta copla de encizañarse entre críos y embriscarse. También hemos sido los pedros gente de nómina en otra apelación popular, Pedrules. Vale. Tiene coña; y a veces, cariño. No menos popular es Pedrales. Si alguien te llama así es que admite o admira cierta franqueza, tu vivacidad o tus mañas; es un a medias entre pedrada y vivales. Quizá por eso tiene también coplilla: Pedrales, matapardales. Y eso está bien, pues matapardales en mi tiempo de patio de escuela era todo un título; al menos te reconocían puntería y entendimiento de la caza como algo últil, pues «al pardal, pedrada y arroz» o «pardalín pardalón, frito y con melón». Pedrajas es muy raro y arrastra muy mala leche. Y hay más nombres para torear o burear a los pedros; son de cocina, de gente cercana o diminutivos, Pedrín, Pedrito (cursi hasta el vómito) o Pedrines, en plural, como Angelines. Y Pedriles, muy castizo. Pedrete no se usa jamás, pero una vez me lo llamaron en Valladolid. Y Perico, claro, es el remate. Te lo dicen de buenas por ser crío, pispo o perillán, pero perico es también el orinal de nenes y a veces te suena como si te estuvieran meando los zapatos. El Pedrico aragonés por aquí no se ordeña y el Pedriño es mimoso, gallegueiro, y te lo sueltan hasta en Villafranca. Después está el píter de Peter, que es bastante común, cordial y quien lo usa demuestra de paso que sabe algo de inglés. Sin embargo, el Pierre francés nunca me lo dice nadie, salvo mi madre. Esta país pasa ya totalmente del francés y sólo lo tolera en canciones de arrimarse o menearse y en los anuncios de colonias muy superpijas, muy caras y muy parisinas. En vasco no sé cómo se dice Pedro, pero no me gusta nada que me lo llamen en catalán, porque si se escribe Pere, como padre o cura francés, te dicen Pera y eso suena a niño gótico o niño-nena. El Pietro italiano parece más un apellido que nombre, aunque suena bien y lo más parecido a este rudo castellano; no lo he oído en motes ni en confianzas. Y en ruso, Petrov suena a mazazo, aunque no sus derivados Petrovsky, Petrarski o Petrinski que uso sólo yo para nombrar a otros pedros, los que estamos condenados a que nos llamen de veinte formas distintas y veinte intenciones diferentes, no todas buenas.

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