Publicado por
Antonio Núñez
León

Creado:

Actualizado:

AHORA circulan por ahí chistes de vascos como antes del tonto de Lepe, tierra huelveña donde, por cierto, viven muy bien de la agricultura de invernaderos porque allí hasta el más tonto hace relojes de plástico. Y dice el penúltimo que Arzallus, el del PNV, le dijo a Joseba, que iba a casarse con Nekane: «para llevar a la novía a la iglesia, en brazos; nada de taxi, porque el vasco, ante todo, forzudo». En cuanto a los invitados, «no menos de mil, porque el vasco, ante todo, generoso». Y, por último y respecto a la noche de bodas, «te haces sólo lo que tú ya sabes, en el pajar del caserío, porque el vasco, ante todo, independiente». Medita uno que el delirio de los nacionalismos se está contagiando desde Santurce hasta Lepe, porque el PP es partidario de revisar todos los estatutos de autonomía para no ser menos que Joseba. En Valencia la derechona y el PSOE ya se han puesto de acuerdo para que se les reconozca como «nacionalidad» con agencia tributaria propia, en Andalucía igual y aquí mismo, en Castilla y León, ha dicho el presidente Herrera que también quiere cogerle la sisa al estatuto, como si le apretara el pantalón, porque ya tiene veinticinco años y tal y cual. O sea que lo mismo que a Ibarretxe y Carod Rovida tal que así se las ponían a Fernando VII. Contra lo que algunos piensan la España de las autonomías -el «café para todos» de cuando la transición- no fue un invento de Martín Villa, sino de Ortega y Gasset, que ya en la segunda República propuso traspasar parte de las competencias del Estado a las regiones para resolver el problema catalán sin crear agravios comparativos. Al cabo del tiempo la cuestión sigue ahí, lo mismo que los regadíos de Riaño, cuyo proyecto es todavía más antiguo y data de los planes hidraúlicos del siglo XIX de los regeracionistas de Joaquín Costa, que retomaron luego Primo de Rivera y la República, aunque Franco fuera el que terminó inaugurando los pantanos. Probablemente no lo sepa la ministra Narbona, por demasiado joven, dicho sea como un cumplido. Aquí suele decirse que disolver un problema inventando otros dieciocho para restarle importancia al primero da como resultado un pan como unas hostias. Sobre poco más o menos eso son las autonomías en un siglo que llaman de la globalización y en un mundo redondo donde coges el Alsa en Luarca y te plantas en Pekín sin hacer trasbordo. El que no lo crea que pregunte en la estación de autobuses de León o en Antibióticos, que también instaló fábricas filiales de penicilina en China, allá por los ochenta, presentándolas como un bombazo de expansión empresarial sin tener en cuenta que era allí, precisamente, donde se había inventado la pólvora antes de Marco Polo, el tatarabuelo de los italianos de Sir Fidia. Cómo pueda acabar el asunto de la revisión de los estatutos autonómicos no se sabe todavía. Lo único que está claro es que si aquí alguien quiere montar un negocio para prosperar en el barrio, pongamos que una modesta churrería, antes se limitaba a echar una instancia en la delegación de Industria, y punto. Ahora, en cambio, además de la licencia municipal para el kiosko, la sartén precisa de un minucioso informe medioambiental de la Junta, otro del ministerio de Sanidad por si la colza, un tercero del Protocolo de Kioto, por los humos, y, en medio, formar a los aprendices en cursillos del Forem, que paga Bruselas. Lo raro es que después de tanta burocracia, y eso sólo para desayunar, no hayamos vuelto a las sopas de ajo. Como ayer sólo hizo un año del Gobierno de Zapatero es pronto aún para adivinar con qué toca desayunar mañana. Probablemente más churros, porque tiene la sartén por el mango y el país está que arde. Si, encima, las autonomías del PP se suman a la política de campanario de Maragall e Ibarretxe lo más seguro es que los vecinos de Trobajo, Antimio o Regueras de Arriba, dejen de hablarse con los de Trobajo, Antimio y Regueras de Abajo. Las parroquias, como España, vienen a ser las mismas, según el señor obispo, pero en los bares sólo se habla de repartir el Presupuesto General del Estado como si fuera el vino y las hostias de misa. Ahora, en cambio, en todos los bares de la comarca se discute de secesión, aunque los taberneros sean cuñados. Los hay con talante, como Zapatero, pero que ya no se fían de su mujer. Todas las autonomías se apresuran a pedir más transferencias del Estado, que oferta de todo. Lo cual hacer recordar otro chiste de Joseba, que, tras ir de rebajas con su señora Nekane, lucía en la frente una tirita de aproximadamente diez por setenta centímetros que le daba, incluso, la vuelta a la txapela. «¿Y qué te pasó, pues?», preguntó Arzallus. «Ví un cartel que ponía se traspasa ... pero no».

Cargando contenidos...