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QUE DESCONTAMINEN el suelo de esa fábrica antes de vender y largarse con viento fresco y subvención cruda. Esto es lo que lleva proponiendo Durru desde hace siete años, que me conste: Si Antobióticos y la trinidad bancaria que le sombrea, quiere vender el muerto, aplíquesele la legislación vigente y oblíguesele -antes de que meta la uña- a descontaminar el suelo que ocupa y enguarra la factoría; por no hablar de la obligación de reparar o cuantificar la contaminación química de lustros que esta industria farmacéutica ha ido dejando escrita en el alma y lecho del Bernesga, río que no necesita llegar al mar, que es el morir, porque ya está difunto a estas alturas y cadáver corrupto unas cuartas más allá. O descontaminan... o venden la cosa por un euro, cosa que alguno de la empresa italiana leyó en su día en estos corrales y la utilizó hace poco como baladronada que hubo de enmendar al día siguiente. Seguramente, quiso hacer un chiste, pero en chistes y en historias los italianos exageran tanto, que abollan la gracia. De un euro, nada, dijeron, tela, mucha tela... y despidos en cascada. Se les pone cara siciliana cuando quieren parecer enfadados, duros o arriscados. Son profesionales del tiburoneo financiero internacional. Saben de lo suyo. Ponen la mano en el corazón y no lo sienten; sólo escuchan los latidos de la Bolsa y las palpitaciones de las stock-options que se adjudican para blindarse los riñones. No son gente; son máquinas de diseño adiestradas en la carroña económica. Y en estos laberintos suyos nos han pillado en bragas, que ojalá fueran bragas maragatas de arriero negociante, cabal y de cuartos quedos y no bragazas de crédulos y consentidos. Los italianos de esta empresa han de alucinar, además, viendo a un montón de cazurros vestidos de romanos por las calles y pensando que es un detalle con ellos, con la Italia madre patria de nuestra cultura. Pensarán que si nos gustan los romanos de pecho de lata que nos dieron palpelo, es que también nos encantan las penetraciones antibióticas. Y ahora que se les agota el oro de la tetraciclina, como el de Las Médulas, se piran exigiendo daños, santos y limosnas. Gran jeta. Así que háganse a un lado los bragazas y, señor burgomaestre, proceda: Un euro... o a descontaminar. Que impere la ley en el imperio de estos nuevos Caesar.

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