Agua pasada sí mueve recuerdo

Dos mil romeros llegados desde puntos bien variopintos incluso de América Latina, rinden homenaje a Vegamián y a San Antonio de Padua, a la vera del embalse que cubrió el pueblo

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Miguel Ángel Zamora - pardomino
León

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Impresiona ver llorar a Ricardo del Río. Se fue hace más de 60 años de Vegamián, la vida le cruzó, sí, en el camino de Pilar Rodríguez, allá en México se casaron y ahora regenta un negocio fructífero de laboratorios de inyección mecánica y motores diesel. Pero «ni por encima de mi cadáver debí permitir que mi papá perdiera todo lo que teníamos aquí». Y cuando rememora el asunto, se le escapan las lágrimas. La romería de San Antonio de Padua reunió de nuevo a gentes de Barcelona, de Madrid («Con las autovías y las autopistas, ahora llegamos en un tris-tras, no es como antes» de Castellón... y hasta mejicanos. Todos vuelven a lo que un día fue su pueblo, ahora lecho del pantano que les obligó a emigrar, más lejos, más cerca, pero todos, puertas afuera de lo que un día fue Vegamián, la villa más guapa, donde más corre el agua . Y tanto. Coincidiendo con la festividad del santo, la población se reúne en romería. Vegamián tiene dos cosas que no las tiene Madrid, la ermita de San Antonio y la vega, que es un jardín . En el verde de la pradera, la imagen del patrono espera. La ceremonia consiste en procesionar al santo por el valle, dedicarle una santa misa, y disfrutar después de una comida en la campa, con todo tipo de entretenimientos añadidos. Es una forma más de retornar a la vida al pueblo, aún cuando ahora ya sólo sea un recuerdo bajo las aguas. Con los padrinos Los padrinos entrantes son Antonio García («hace más de 40 años que me fui, pero falta un año que no vuelva» y Mercedes Gómez («nunca me fijaba en lo que hacían las madrinas otros años, y ahora tengo unos nervios horrorosos»). Los salientes son Felipe González («yo soy de Valdevimbre, pero da lo mismo, me gusta igual que si fuera del pueblo») y Natividad González («a mí me parece muy bonito lo del intercambio de regalos y el corte de la cinta»). Ellos cuatro, otras dos mil personas más y el padre Florencio Fernández Santos, ofician el rito que exige la costumbre. «Sois como el despertador de la fiesta, y siempre se necesita una voz que anime a seguir celebrando la fiesta». Vegamián tiene dos cosas que no las tiene León: dos cestos, cuatro negrillos y la Peña Susarón . Al calor del mediodía del domingo, los devotos se hicieron legión antes de que, subido en la furgoneta, San Antonio regresara a casa. En imagen. En el recuerdo no, que ya falta un año menos para enfilar otra vez el camino de Pardomino. ¿No será San Antonio de Vegamián?.

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