CRÉMER CONTRA CRÉMER
Un mundo feliz
EL TÍTULO DE esta referencia no tiene nada que ver con la obra de Aldous Huxley, también titulada Un Mundo feliz . Tampoco cabe referirse a las previsiones musulmanas del Paraíso poblado de Huríes, esperando la llegada de los fieles. Es algo más sencillo y más real: y resultó para nosotros, un descubrimiento glorioso, porque nos permitió asomarnos a otro mundo distinto del nuestro, tan atronador y peligroso. Y fue que un benemérito vecino de esta Ciudad de León, siempre tan necesitada de generosidades, tuvo la gentileza de invitarnos a conocer una Fundación. Ciertamente el término de Fundación suele remitirnos a un sentimiento como de admiración ante la exaltación de un acontecimiento o de piedad ante un episodio doloroso. Pero la verdadera entraña de la «Fundación» es su composición de mecanismo de fervor humano y de admiración estética. La Fundación Carriegos es una Institución verdaderamente ejemplar en sus propósitos y en su voluntad de servicio, manejada liberalmente por una de esas figuras que a veces suelen destacarse del común de vecinos, no por su singularidad, sino precisamente por el ejercicio de solidaridad que manifiesta. Quizá como resultado de las escasas ocasiones en las que los leoneses tenemos de admirar los hechos del prójimo, aquella magnificencia, aquel estilo generoso, aquella espléndida manera de hacer de la humildad un mérito, nos turbó. Un grupo de niños discapacitados han conseguido obtener en aquel mundo de fantasía un puesto de privilegio, en el que reciben una dosis de terapia tan eficiente como es siempre de desear para estos seres recortados por la desgracia. Y es singular la iniciativa por cuanto esta acción educativa en la medida de lo posible, se ejerce teniendo al caballo como instrumento dócil para el ejercicio didáctico que se persigue. Confesamos que la visión de toda aquella dolorida y pequeña sociedad arrancaba agobios de pena pero también inevitablemente suscitaban estados de asistencia y de amor¿ Que no hay nada que más desgarre el corazón que la presencia de un niño roto, con la mirada extraviada, ofreciéndonos un trabajo ejecutado con sus pequeñas manos. Y cuando los monitores recogen a estas criaturas y con ellas cabalgan se nos antoja una parábola como la del mísero que se encuentra en el camino peregrino con el ángel milagrero. El niño y el caballo son dos criaturas superiores, porque en ellos todavía no cabe la crueldad ni el desafío. Son seres puros, como aquel «Frasquito mío / siempre tan deseado». Que dice Huxley. Yo no entiendo demasiado de fundaciones, pero conozco el mundo de los niños desamparados y me ha sobrecogido desde muy niño, la estampa del caballo, tan hecho a la medida del hombre. La mitología del caballo y del niño no me ha abandonado nunca, ni cuando cuidaba los relucientes caballos de mi amo de La Corredera, allá en los Arrotos, al otro lado del río, ni cuando ardido de patrio entusiasmo, recitaba aquello del Cid sobre su caballo de batalla: Por necesidad batallo / una vez puesto en la silla Se va ensancando Castilla / delante de mi caballo. No sé cómo este mágico personaje de la barba hirsuta, Santos Llamas, ha conseguido el milagro de la Fundación Carriegos de Villarrodrigo de las Regueras. Sólo sé ahora que el milagro se hizo.