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HAY OPAS hostiles y las hay hostiales; es el caso. Todo el país anda en lenguas, que si patatín o si patatán. Y se arremeten todos porque parece la cosa un partido entre el Madrí y el Barsa, un duelo de honores y, lo que es peor, una guerra de pasta cruda y monopolio a la vista. Dice Javier GP que esa opa de Gas Natural a Endesa supondrá el final de la minería leonesa, pero ese final difunto ya estaba hace años escrito cuando enchufaron los tubos del gaseoducto por el mismísimo corazón de estas cuencas. Puto gas, exclama un minero de Pola jubilado por silicosis y mutilado de esperanzas. Además, quemar carbón sale más caro y contraviene los cupos de emisión de gases del protocolo de Kioto, que según el presidente mejicano Fox es de Koito (así se le escapó en un discurso este «lapsus bilingüe» como explicó después), fornicación limpia, de modo que la catalanidad compradora enchufará el nabo apuntando a la reversa de estas hullas y antracitas y quedaremos preñados de viento, o sea , de gas, inflados, globito que lleva el aire. Hostial es también la opa política que lanzan los leonesistas a la Diputación cazurra para que abra un debate de reforma del estatuto autonómico, es decir, más madera, nueva bronca que al pueblo aturde y le distancia, ¿quién se priva de podar y embutir los textos que nacieron de unos consensos que ahora se empeñan en pudrir? Abierta la caja de los truenos, exigirán de nuevo para León autonomía diferenciada, más estaribel administrativo, duplicación de instituciones, más cargos, más rollo y empleos (no trabajos, que eso da sudor). Hay que perpetuarse y «que nos pille colocados el diluvio». Cada vez que hay un reburdiar autonomista, Tolo, el de Nela, se pregunta. Hace el recuento de todas las putadas que ha coleccionado en su vida leonesa y quién se las hizo, si un leonés o vallisoletano. Su conclusión es deprimente. Son paisanos propios todos los que están detrás de sus faenas o zancadillas, de modo que se imagina un gobierno compuesto sólo por «compatriotas» y pilla miedo, toca madera, bufa y se marcha al consulado portugués para pedir asilo. No entiende bien la fiebre de reformar estatutos en ese incendio constitucional que cruza el país desde Reus hasta Vigo. Por eso asegura que ya no se trata de estatutos, sino de estaputos, putiferio legal y venta.

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