Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Jardines para perros

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

Creado:

Actualizado:

LA CIUDAD DE LEÓN, conocida en la antigüedad romana por «La Legio Séptima», es indudablemente un recinto bien ajardinado. Dispone de centros florales, para solaz de niños, de rincones umbrosos para ancianos y de remansos soleados para cotillas de vecinos bien avenidos, capaces de satisfacer las exigencias de jardinería urbana y de paseantes peripatéticos amigos de la soledad y de las palomas. Jardines como, por ejemplo, los de San Francisco, tan romántico y apto para que las niñas que van para famosas hagan gimnasia rítmica, y el de Quevedo, con sus pavos reales y sus encrucijadas arboladas. Los distintos ayuntamientos que han pasado por la Casa de la Poridad, se han esforzado en que León, ya que no fuera capaz de crear y mantener industrias, al menos tuviera jardines, que no sólo de Antibióticos viven los pueblos. Y ciertamente los distintos consistorios dieron gloria y esplendor a León cumpliendo con esta exigencia estética, social y democrática, dotando a la ciudad de bellos y también descuidados jardines para el niño y para la nena. Y así como otros poblados se enorgullecen de crear riquezas y puestos de trabajo y escuelas y hospitales y hasta centros de recogida de seres humanos a la deriva, León, siguiendo una tradición de siglos, abría jardines y plantaba sobre el pacífico cemento de la calzada urbana bellas estatuas para pasmo de turistas. Y para cada jardín exigieron una figura de hierro forjado o unas moscas cojoneras para la Puerta de Don Pelayo, (que por cierto nadie se explica qué coña pinta en León este heroico personaje de las Asturias). Y por cada figura un jardín y para cada jardín, cuando menos un perro o dos o tres o catorce perros, jugueteando entre los macizos de petunias y asustando a las dulces palomas cagonas. No se conoce con exactitud el número de perros y de niños que viven o que desviven en León, pero según los índices de uno de los centros bancarios de la ciudad, que son los que manejan los intereses reales de León, se aproxima a quince mil el número de canes, mastines, mascotas o de crianza, en tanto que el centro de niños, no supera los ocho mil. De lo que se deduce matemáticamente que los niños y los jardines tocan a un perro y cuarto cuando menos. Y oiga, me explica una señora muy aseñorada: «A mí los perros no me van, que ya con mi marido tengo bastantes animales en casa, pero quizá, tal vez, acaso conviniera establecer una cierta equidad en el asunto a fin de que ni los jardines invadan el mundo de los perros, ni estos el de los niños y si el municipio decreta que los jardines son para los niños, lo legal, lo lógico, lo constitucional sería que ni los unos invadan el territorio de los otros, ni éstos los de aquellos y si el señor Ayuntamiento, cargado, como debe estar, de compromisos de infraestructuración viaria, no puede con la risa que conceda barra libre a los niños y a los perros y que cada cual haga sus necesidades donde le venga en gana». «Pues pienso yo» dice la señora que piensa «que si nos produce náuseas pasear por el jardín con el pensamiento puesto en las avutardas y caer en la reciente trampa de un montón de haces caninas, imagínese usted lo que debiera parecernos si en vez de mierda de perro pisamos caca de niño o plasta de anciano ya con resortes rotos...» Los jardines son para las personas, para los niños y para los pájaros cantores y no para el desahogo de animales, todo lo bellos que usted quiera pero que, sin duda, lejos de sus propósitos, se cagan. Humildemente tengo el honor de dirigirme a usía para rogarle que transmita al muy digno y aseado Ayuntamiento de la ciudad la demanda unánime de los perros para que les proporcionen un lugar para todo uso, por lo cual le estarán agradecidos los perros, los niños y los ancianitos, que pisan donde no deben.

tracking