El jurado subraya su «excepcional labor social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos»
Las Hijas de la Caridad obtienen el Príncipe de Asturias de la Concordia
La congregación, formada por 23.000 monjas, está presente en 93 países de todo el mundo En las fro

La congregación gestiona comedores económicos para los más necesitados
La Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, popularmente conocida como las hermanitas de los pobres, obtuvo ayer el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2005. La candidatura de las religiosas se impuso a las de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y la Organización Internacional de Trabajo (OIT). El jurado, presidido por el jefe del Gobierno asturiano, Vicente Álvarez Areces, destacó la «excepcional labor social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos» que ha desplegado una institución que lleva cuatro siglos transmitiendo los valores de la «justicia, la paz y la solidaridad». El galardón, al que optaban 55 candidaturas procedentes de 17 países, fue concedido por unanimidad. El jurado encomió la generosidad y entrega a los más pobres de las Hijas de las Caridad, presentes en 39 países, algunos muy empobrecidos o con graves carencias sociales como India, Libia, Angola, Bolivia, Camerún, Congo, Ghana, Ruanda, Haití, Honduras, Mauritania, Madagascar, Marruecos, Mozambique y República Dominicana. La Conferencia Episcopal Española, que promovía la candidatura, se felicitó por el premio a la compañía, cuyas hermanas trabajan con niños de la calle, víctimas de la guerra, pacientes de sida, leprosos, drogadictos, presos, mujeres maltratadas y enfermos mentales o ancianos solos. La congregación contaba con el aval de 48.000 firmas que reclamaban el reconocimiento a una entidad que está desplegando enormes esfuerzos en la reconstrucción de países damnificados por catástrofes naturales. La congregación de las hermanitas de los pobres está presente están presentes en cuatro continentes y cuenta con más de 23.000 monjas distribuidas en 2.567 comunidades. «Seguir trabajando» Sor Ángeles, portavoz de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en Madrid, consideró que la distinción es una llamada a «seguir trabajando por los más desfavorecidos y pobres del mundo». La religiosa destacó que ha habido hermanas que han dado la vida por los marginados del tercer y cuarto mundo. A pesar del «individualismo y el egoísmo» imperantes, la compañía resiste la crisis de valores y puede enorgullecerse de experimentar un aumento modesto de vocaciones, especialmente en los países subdesarrollados. La religiosa expresó su deseo de que la recompensa económica que supone el premio se destine a financiar las obras que llevan a cabo las religiosas, entre las que descuella la atención a las víctimas de «tsunami» que asoló el sureste asiático en diciembre del 2004. A pocos metros del lugar donde se daba a conocer el fallo del jurado, trajinaban entre pucheros las seis monjas que se encargan de la Cocina Económica de Oviedo, una institución que, desde hace 120 años trata de que no falte a nadie un plato de comida caliente. Sor Blanca, la superiora de esta pequeña comunidad, señaló que el premio supondrá «una sensibilización para la sociedad, un caer en la cuenta de que hay una comunidad que, en nombre de la Iglesia, está en primera fila para atender las necesidades más urgentes». «Es un premio para todos los colectivos que a prestan servicios por el desarrollo integral de las personas.