CRÉMER CONTRA CRÉMER
Bomba atómica para todos
LOS CLÉRIGOS DOMINANTES en Irán quieren la bomba atómica. Los australianos, los argentinos, los brasileños, entre otros muchos, aspirantes al exterminio total quien la bomba. Y dicen que ya disponen de uno de esos artefactos para matar mucho, los ingleses, los franceses y naturalmente los americanos de Bush, que no van a ser menos. El Pakistán ya cuenta con una muy apañada bomba para matar hindúes, los cuales se han apresurado a disponer de otra bomba para contrarrestar los afectos de sus convecinos. Como los ayatolás iraníes son los más subversivos, su decisión de romper todos los vínculos con la civilización occidental y cristiana han sido rotos y puede asegurarse de que antes de que maduren las brevas tendremos guerras a bomba sucia. Y no quedarán sobre la tierra más que escarabajos y ratas, como seres vivos entre escombros. Nosotros, españoles históricos de Isabel y Fernando, ni disponemos de armas de destrucción masiva ni se espera en los próximos quinientos años poder contar con una de las más humildes bombas para matar algo. Nos conformamos con los accidentes que se produzcan en nuestras carteras. Formaremos parte del cupo humano llamado a desaparecer como japoneses en Hiroshima y Nagasaki. Entramos, pues, con el mejor de nuestros talantes y talentos en la era real y verdadera de la destrucción en masa de generaciones completas de siervos para malmorir. Y esto sucede cuando los investigadores científicos mejor dotados y los estadistas más locuaces del planeta intentan convencernos de que, pese a todo, estamos viviendo un tiempo glorioso, una era en la cual nos será dado alcanzar la Luna y Marte y tal vez hasta verano para establecer en cada una de estas posiciones universales, un campo de esparcimiento para vagos titulados. Moriremos como moscas en un panel de rica miel y a nadie se le ocurrirá pensar que el mundo, este mundo nuestro, amenazado podría salvarse y hasta florecer como Marbella si en lugar de regar la tierra con ácidos atómicos la sembráramos de trigo y en vez de soñar en establecer un puesto de espionaje en Marte, abriéramos pozos artesianos que permitieran disponer de agua suficiente para apagar los incendios que nos están desertizando. Estamos construyendo el mundo más contradictorio y encanallado de la historia, mientras los estados generales agotan los presupuestos para escuelas, para hospitales, para refugios de ancianos... Sí, señores de la sala, pese a la retórica engañosa con que ustedes intentan confundir al personal, éste cada día aparece más convencido de que no es esto, no es esto, que volvería a decir Ortega y que dejó escrito como testamento de la gran desgracia nacional, aquel Manuel Hazaña, en La Velada en Benicarló , libro que debiera imponerse obligatoriamente en las escuelas aunque no fuera más que para descubrir el motivo y el sentido de la tristeza española... El autor de la derrota al hacer la pesquisa del vivir y del morir español deja anotada para nuestro conocimiento la piedra argumental: «España tenía miedo, miedo, miedo». Y el mundo tiene miedo, miedo atómico. ¿Por qué? ¿Para qué? No lo declara pero el miedo agarrota los mejores pulsos del mundo... ¡Joder, qué vida!