El aumento de las temperaturas alterará ya el ciclo vital de especies animales y vegetales
El cambio climático adelanta la salida de las hojas y la fructificación de las plantas
La primavera europea se ha adelantado ocho días y los inviernos son más benignos
El hombre ha iniciado un gigantesco experimento con el planeta. Ha alterado, con el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, el patrón del clima y los ecosistemas ya han empezado a reaccionar. La primavera europea, en términos climáticos, se ha adelantado una media de ocho días y los inviernos son cada vez más benignos. ¿Qué ha cambiado ante este nuevo escenario? Los osos han reducido su período de hibernación, las hojas de los árboles salen por término medio veinte días antes, las plantas están floreciendo y fructificando diez días antes, los insectos, que pasan más rápidamente por sus estados larvarios, aparecen once días antes, las aves han modificado sus patrones de emigración, árboles como la encina se encuentran ya a 1.400 metros y el roble de zonas húmedas se encarama en las montañas... Es la respuesta de las especies al calentamiento global, una respuesta que las obligará a adaptarse o morir en una nueva evolución. De hecho, una investigación en Nature aventura que el cambio climático, en función de cómo sea el incremento de las temperaturas, supondrá a mediados de siglo la desaparición de entre un 15% y un 37% de las especies. En líneas generales, se espera un desplazamiento de los ecosistemas hacia el norte o altitudes más altas y de este proceso de adaptación de las especies dependerá en buena medida su supervivencia. Un riesgo añadido es el avance de las plagas y especies invasoras. «Uno de los grandes cambios introducidos en el sistema global es la expansión de especies invasoras ligadas al cambio climático», resalta Josep Peñuelas, director de la Unidad de Ecofisiología del CSIC en Barcelona. Algunos de los temores ya tienen nombre: la culicoides imicola, un díptero que produce la enfermedad de la lengua azul en rumiantes y peste equina en África, cuya presencia se conoce en la mitad sur de España, pero que con un incremento de dos grados de temperatura podría desplazarse al norte y provocar graves epidemias en animales. La devoradora hormiga argentina, ya presente en España, podría extender su radio de acción a toda la península e incluso Europa, mientras que los pulgones, una plaga para los cultivos, corren el mismo camino. Cambio profundo Pero el cambio aún será más profundo. En líneas generales se prevé de aquí a finales de siglo una mediterranización del norte de España, incluido León, y una aridificación del centro y el sur. Una mayor irregularidad en las precipitaciones, aumento de las temperaturas y una mayor frecuencia e intensidad de los períodos de sequías son algunas de las consecuencias que se esperan. A corto plazo, sin embargo, este escenario podría conllevar efectos positivos , siempre y cuando se mantenga el nivel de lluvias: la productividad de plantas y culivos aumentará por el benéfico efecto de unas temperaturas un poco más cálidas. De hecho, la estación anual de crecimiento de las plantas, incluidos los cultivos agrícolas, se alargó una media de diez días en Europa. Pero esta hipotética ventaja puede ser tan sólo un espejismo. «Temporalmente puede haber un aumento de la producción, porque el dióxido de carbono es un fertilizante y el primer impacto sobre la vegetación puede ser positivo, pero, a la larga, cuando predomine el elemento sequía, habrá una mayor pérdida de materia orgánica y se reducirá la productividad», destaca Francisco Díaz-Fierros, catedrático de Edafología en la Universidad de Santiago. El problema ya no va a ser que llueva más o menos, sino cuándo lo hará. Y todo indica que en primavera y verano, cuando también se necesita el agua para los campos, lloverá más bien poco. La prueba La primera prueba de cómo las temperaturas extremas afectan negativamente al sistema llegó hace una semana con un estudio publicado en Nature , con participación española, en el que se demostró que la ola de calor del 2003 provocó una reducción del 30% en la producción vegetal de las zonas afectadas que, en vez de actuar como absorbentes de dióxido de carbono, lo hicieron como fuentes. La investigación también arrojó otras sorpresas. «En los ecosistemas más secos de Valencia, donde nosotros hicimos la prueba, no se produjo una reducción de la pro-ducción primaria tan grande como en el resto de los países europeos donde se llevó a cabo el estudio», explica María José Sanz, directora del Programa de Efectos de la Contaminación de la Fundación CEAM de Valencia, que participó en la investigación. Esto viene a demostrar que ecosistemas como los de Galicia pueden ser más vulnerables a cambio extremos. Más energía térmica El descenso de la hidroelectricidad por la sequía en el último año hidrológico ha elevado la producción de energía térmica en unos 15 millones de toneladas de CO2, según las previsiones avanzadas por el secretario general para la Prevención de la Contaminación y del Cambio Climático, Arturo Gonzalo Aizpiri. Gonzalo Aizpiri hizo esas declaraciones ayer en la Comisión de Medio Ambiente en el Congreso, en donde intervino junto con otros altos cargos del Departamento, como el secretario general para el Territorio y la Biodiversidad, Antonio Serrano, para informar del presupuesto general del Estado para 2006 en sus respectivos ámbitos. «Cuando la temperatura se pasa, en el proceso biológico de las plantas dominará más la respiración que la fotosíntesis, con lo que liberarán dioxido de carbono» JOSEP PEÑUELAS, Director unidad Ecofisiología del CSIC de Barcelona